Si los promotores de ponerle letra al Himno Nacional piensan que – de terminar prosperando su iniciativa- los españoles seremos más españoles, se equivocan. ¿Por qué no dejamos en paz este Himno que no tiene letra? ¿Por qué en plena precampaña electoral el Comité Olímpico Español y la Sociedad General de Autores y Editores se han empeñado en introducir un nuevo elemento patriótico, tan significativamente hecho a la medida de los intereses del PP?
Los seis miembros del jurado son todos respetables. Pero algunos de ellos son bien conocidos por sus teorías en absoluto coincidentes con el modelo de la España plural –o diversa o federal- que propugna el Gobierno Zapatero. Entre los componentes del jurado figuraba, por ejemplo, la campeona olímpica Theresa Zabell, ex eurodiputada por el Partido Popular.
También formaba parte del mismo Manuel Jiménez de Parga, ex presidente del Tribunal Constitucional, muy dado durante su mandato a criticar -a veces en demasía- a los nacionalismos periféricos. Jiménez de Parga reúne muchos méritos como jurista y ciudadano de gran prestigio. Pero nadie podrá negar su exceso de coincidencias –en el punto aludido- con las tesis de la derecha.
No dudo de que en España hay millones de ciudadanos que estarían gozosos si la letra aprobada se convirtiera en la letra que le falta al Himno. Pero otros millones son contrarios y opinan que sería más prudente dejar las cosas como están. Otros muchos preferirían liquidar el Himno vigente y recuperar el de la II República. Abundan además aquellos que consideran su Himno –el de su nación, conforme lo que ellos creen que es su Comunidad Autónoma- como el único.
Estas cosas son más complejas de lo que algunos barruntan y, por ende, resulta pertinente huir de tópicos y de simplismos. ¿Quién hubiera vaticinado hace unos años el contencioso político que, formalmente, se ha abierto en el Reino Unido respecto a una cierta potenciación del independentismo en Escocia? Y habrá que puntualizar de inmediato que ETA no merece convertirse en protectora -como hizo en la entrevista con Gara- de los escoceses secesionistas. Escocia ha planteado su reivindicación sin que se haya derramado ni una gota de sangre. Al revés de lo que han venido haciendo los etarras.
Precisemos por otra parte que es un error monumental referirse en términos despectivos o insultantes –tal es la moda emergente en el periodismo genovés- a los nacionalismos como el catalán, el vasco o el gallego. Se hacen tales nacionalismos ciertamente acreedores a la crítica por su voluntad excluyente en ocasiones y su tendencia a monopolizar el territorio geográfico y, lo que es peor, a sus gentes. Pero también hay un nacionalismo español inquietante y en alza. Es también excluyente y monopolizador. Ya hay bastante con la música, no le añadamos la letra.



