y Vd. con esos pelos, Sr. Rajoy.

El Gobierno de EEUU controlará el 72 por ciento de la General Motors. Esta empresa automovilística, de referencia obligada, pasará muy probablemente –salvo milagros imprevisibles- a ser una empresa pública, de hecho nacionalizada. O el Gobierno intervenía General Motors o su quiebra estaba garantizada. En paralelo, Barack Obama exhortaba a la primera ministra alemana, Ángela Merkel, a facilitar la salvación de Opel, desagregada de General Motors, una de las muchas consecuencias de la crisis económica internacional.

Opel -una de las joyas de la corona económica alemana- dependerá a partir de ahora de la empresa canadiense Magna. Está en juego el futuro de más de 50.000 trabajadores de Opel en toda Europa, incluida la planta automovilística de Figueruelas (Zaragoza). Pero Magna sólo dispondrá del 20 por ciento del accionariado. El resto estará en manos -¡oh, paradojas!- del fabricante ruso GAZ y la institución financiera rusa Sberbank. También podría entrar General Motors, una vez reflotada, y hasta los trabajadores con otro 10 por ciento.

El libre mercado
Para evitar la caída de Opel parece que el Gobierno alemán deberá respaldar la operación aportando unos cuatro mil quinientos millones de euros y, entre otros ingredientes, un crédito puente de mil quinientos millones de euros procedentes de la banca pública. Es decir, estamos asistiendo, y no es ni mucho menos la primera vez desde que estalló la crisis global, a la intervención pura y dura de los Gobiernos en lo que se ha convenido en denominar -de forma tan fatua como equívoca- el libre mercado.

Tarro o coco
Durante décadas se nos ha intentado comer el tarro o el coco proclamando las virtudes [supuestas] del liberalismo económico. Eslóganes falaces como el de “menos Estado y más mercado” han ido configurando un rechazo a la injerencia de los Gobiernos en el ámbito de las empresas. En la mayoría de los países –también España, por supuesto-, han desaparecido gran parte de las empresas públicas, mediante no pocas privatizaciones depredadoras, y en absoluto benefactoras para el conjunto de los ciudadanos de a pie.

Descrédito de lo público
El descrédito de lo público ha ido acompañado, desde los años setenta/ochenta del siglo XX y hasta ahora, de la canonización de lo privado. El resultado está a la vista incluso de los ciegos. El liberalismo económico, convertido en dogma intocable -en el llamado pensamiento único- nos ha conducido al desastre. ¿Quién hubiera profetizado, hace únicamente un año, que EEUU –paraíso liberal por excelencia- tuviera que nacionalizar ni más ni menos que la General Motors?

Baúl de los recuerdos
¿Quién hubiera dicho que un neocon, liberal hasta las cejas, como George W. Bush, iba a ser sustituido en la Casa Blanca por un socialdemócrata -aunque Obama prefiera no reconocerlo explícitamente-, convencido de que hay que recuperar, en tiempos difíciles, recetas consideradas por algunos vetustas y que nos habían sido escondidas en el baúl de los recuerdos?

Extraordinaria magnitud
Tras estos acontecimientos de extraordinaria magnitud, resulta todavía más zote el comportamiento de la derecha española ante la crisis económica. Empeñados en cargarse a José Luis Rodríguez Zapatero –que es su objetivo prioritario desde el 14-M de 2004- los genoveses han dejado de lado deliberadamente la dimensión mundial de esta crisis y los profundos cambios que se están produciendo en orden al intervencionismo de los Estados como instrumento para evitar el hundimiento de la economía a escala internacional.

Una verdad bien sencilla
Han obstaculizado y ridiculizado al máximo, los conservadores, las medidas del Gobierno para combatir la crisis. Continúan defendiendo el liberalismo y critican a Zapatero al que acusan de intervencionista y de manirroto. No quiere entender Mariano Rajoy y menos explicar a sus militantes y simpatizantes una verdad bien sencilla: que la crisis supera o rebasa a los Gobiernos de cada país o Estado. Y que ir propagando por ahí -según ha hecho José María Aznar con su librito- que si él fuera presidente nos habría rescatado ya de la crisis, es un insulto a la inteligencia de los españoles.

La Gran Depresión
¿Son Obama y Merkel unos manirrotos que despilfarran el dinero público frente a las graves adversidades de la crisis? ¿Por qué el Gobierno norteamericano ha vuelto con Obama a los años de Franklyn D. Roosevelt, el presidente que intervino en la economía y que consiguió derrotar a la Gran Depresión del 29? ¿Hasta cuándo tendremos que seguir aguantando en España a una derecha más que pazguata, obsoleta. O sea, una derecha “anticuada, inadecuada a las circunstancias actuales”. Sr. Rajoy, el intervencionismo de los Gobiernos en la economía vuelve, y Vd. con esos pelos.

*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador del GIRONA NOTICIES