Tanto tiempo esperando el fin de la crispación y la búsqueda de consensos básicos de Mariano Rajoy con José Luís Rodríguez Zapatero que, a la vista de los resultados tangibles alcanzados ayer, sólo se me ocurre releer El parto de los montes, fábula escrita por Félix María Samaniego (1745-1801). “Estos montes que al mundo estremecieron/un ratoncillo fue lo que parieron”, ironizaba hace más de dos siglos Samaniego.
Los acuerdos conseguidos son tan magros que rozan el ridículo. Como si fuera una gran concesión por parte de Rajoy, resulta que se nos ha anunciado públicamente que en septiembre se producirá la renovación del Consejo General del Poder Judicial y, en paralelo, la del Tribunal Constitucional. ¡Aleluya! Por fin, el PP parece que cumplirá con su deber. En noviembre de 2006 se hubiera tenido que modificar la composición del CGPJ. No se hizo porque los populares se negaron a hacerlo.
Esfuerzo en vano
El 12 de septiembre de 2007, todos los grupos parlamentarios exigieron al PP que no continuara bloqueando los cambios. Fue otro esfuerzo en vano. Cuando se pongan en marcha los relevos de personas y de mayorías en un organismo tan determinante como éste -esperemos que sí se produzca en septiembre- la derecha habrá consumido, en favor suyo y en pro de la inoperancia del Consejo, casi dos años más de lo que está reglado.
El Constitucional
Algo similar sucede con el Tribunal Constitucional. Gracias a la cerrazón del PP, la prórroga forzada se remonta en este caso al pasado mes de diciembre. No hace falta resaltar la importancia estratégica del TC. Es conocida por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Entre los asuntos no resueltos, penden el Estatuto de Cataluña y las bodas entre personas del mismo sexo, por ejemplo.
La lucha antiterrorista
El tercer acuerdo es el referente a la lucha antiterrorista. El PP apoyará formalmente al Gobierno en esta cuestión. ¡Menuda exhibición de generosidad política! Tras cuatro años, vulnerando sin pausa -reiteradamente- una cuestión de Estado como es ésta, Rajoy ha decidido incorporarse a la unidad quebrada. A buenas horas, mangas verdes. Para ello ha habido que vestir el muñeco con alguna pomposidad y, por parte de Zapatero, abrir la portezuela al olvido voluntario de tantos agravios.
Cinco principios
Cinco principios adornan lo que hubiera debido ser obvio desde el año 2004 hasta la actualidad: 1. Unidad de los demócratas frente a los terroristas. 2.- Respaldo a las víctimas. 3.- Confianza en el Estado de Derecho en relación a semejante lacra. 4.- Firma de una declaración solemne en la que se advierta a ETA que su único destino es desistir de la violencia y que, con violencia, jamás conseguirán objetivos políticos, y 5.- Cooperación internacional.
En economía, sin coincidencias
Respecto a la crisis económica, no hubo coincidencias. No ha habido por consiguiente pacto posible entre los dos partidos mayoritarios. En plena ebullición y con puntos de vista tan contrapuestos se veía venir que, en este punto, la confrontación se mantendría. El balance de la primera reunión de Zapatero con Rajoy en la presente legislatura es más bien escaso en consensos sólidos.
Y tienen razón
Más vale tarde que nunca, dirán algunos. Es preferible que Rajoy se muestre conciliador que lo contrario, apostillarán otros. Y tienen razón. Pero conviene no desechar un cierto escepticismo respecto a la súbita conversión al centrismo del líder conservador. De igual modo que Santo Tomás Apóstol no se creyó lo que decían sus compañeros de que habían visto a Cristo resucitado y exigió para creérselo meter el dedo en la llaga del crucificado vuelto a la vida, parece sensato que muchísimos españoles duden del giro copernicano de Rajoy.
Un ratoncillo
De momento, no ha nacido de este trance más que un ratoncillo. De momento, nos conformaremos imaginando la ciudad de Messina, en Sicilia, donde Shakespaeare ubicó su obra Mucho ruido y pocas nueces. Le falta aún mucho al PP marianista para convencer a la opinión pública de que su moderación va en serio. Pasar de pirómano a bombero, y más de la noche a la mañana, genera sospechas. El primer test de Rajoy, flojito.
*Enric Sopena es director de El Plural



