Rajoy teme más a Ramírez que a la verdad.

El portavoz del PP, Esteban González Pons, ha anunciado que en septiembre su partido presentará una propuesta de ley en defensa del castellano. “Resulta obvio –ha subrayado González Pons- que el español está en peligro”, tanto en Cataluña como en el País Vasco.

Pero si, en verdad, el castellano peligra en ambas comunidades, no se acaba de entender que los populares –ardorosos adalides del patriotismo hispano- se hayan tomado esta cuestión lingüística con tanta y tanta pachorra.

Idilio con Pujol
Peor todavía. Cuesta entender que, en lo tocante al idioma, José María Aznar no aprovechara su idilio con Jordi Pujol y con Xabier Arzallus para imponer a CiU y al PNV -como condición sine qua non del pacto de 1996- una mayor potenciación del castellano en Cataluña y en Euskadi.

“¡Habla como quieras!”
No fue así. El PP pasó sin inmutarse de uno de sus más clásicos gritos de guerra -“¡Pujol, enano, habla castellano!”- a una admonición casi romántica: “¡Pujol, guaperas, habla como quieras!”. Y resulta necesario recordar que la legislación lingüística de aquella época –con CiU en la Generalitat- era prácticamente igual que en la actualidad y que tantos sarpullidos está provocando precisamente ahora.

Desde la óptica genovesa
Puede argumentarse -desde la óptica genovesa- que quien se encontraba en 1996 contra las cuerdas era Aznar y que, por consiguiente, carecía de fuerza a la hora de aliarse con los nacionalistas catalanes y vascos [y también con los nacionalistas canarios].

Principios y valores
Puede aceptarse desde luego tal razonamiento, aunque su asunción nos conduciría de inmediato a poner en muy legítima duda el célebre latiguillo de cualquier pepero que se precie: “Nosotros, sobre todo, somos gentes de principios y valores, y nunca renunciaremos a ellos”. Entre esos “principios y valores” se halla -siempre a punto- su exaltación emocionada de España, de sus símbolos y de su idioma”.

Ediles de Gijón
¿O es que Aznar optó por la Moncloa a costa de contribuir a la paulatina marginación del castellano? ¿Tenían razón, por consiguiente, algunos ediles de Gijón cuando –según una grabación difundida hace pocos días por la SER- se decían entre ellos: “La verdad es que estamos en un partido político y el fin primordial del partido, y hay que decirlo y dejarnos de demagogias (…), es ganar y hay que ganar como sea”?

Con la llave en su mano
En 2000, Aznar consiguió mayoría absoluta. No dependía ni de Pujol ni de Arzallus. Es más, era Pujol el que, desde las elecciones catalanas de 1999, dependía del PP. Con el voto de los diputados autonómicos populares, Pujol alcanzaba la mayoría absoluta. También lo podía conseguir con ERC, pero el líder convergente decidió seguir bailando con Aznar. Lo hizo sin que –con la llave de la gobernabilidad en su mano- el entonces presidente del Gobierno le obligara a modificar las leyes lingüísticas nocivas para el español.

Otros episodios relevantes
La pachorra o la indiferencia del PP incluye otros episodios relevantes. En Galicia –también situada en el punto de mira de los actuales bravos defensores del castellano-, el Gobierno presidido, durante 16 años, por Manuel Fraga Iribarne, fundador del tinglado, fomentó el conocimiento del gallego y legisló con cierta firmeza en este sentido. Igual podría decirse de las Islas Baleares, donde sucesivos Gobiernos del PP han emulado –con más o menos intensidad- la política lingüística catalana. Y no es muy diferente lo que sucedió en la Comunidad Valenciana, primero con Eduardo Zaplana y después con Francisco Camps.

Nada menos
O sea, que estando nada menos que “el español en peligro”, el PP ha tenido que secundar al partidito de Rosa Díez, por cierto donde ha empezado ya la rebelión a bordo a causa de la falta de democracia interna, de manera que cabría evocar aquello de “aún no asamos y ya pringamos”. Y el PP ha obedecido también –como en los buenos y no tan viejos tiempos- el cornetín de órdenes que, con tanta soltura, hace sonar Pedro J. Ramírez.

Allá él
El centrismo de Rajoy no ha sido capaz de vencer la tentación de seguir practicando la catalanofobia como método de cocear a José Luís Rodríguez Zapatero en el culo de la mayoría de ciudadanos catalanes. Allá él y su mezquina idea de España. Allá él y su clamoroso desconocimiento de la realidad catalana. Afirmar que el castellano está relegado en Cataluña es una falsedad descomunal. Como lo es decir eso respecto a Euskadi. Pero Rajoy se fía más de Ramírez que de la realidad. O, dicho de otro modo, teme más a Ramírez que a la verdad.

Amigo y subordinado
El mismo Ramírez que –“hay que ganar como sea”- lanzaba, hace doce años, todo tipo de flores al catalán, cuando trataba por todos los medios de que su amigo y, en el fondo, subordinado Aznar fuera presidente. El mismo Ramírez que, desde el 10 de marzo de 2008 hasta que se firmó el armisticio entre las dos facciones del PP, puso a caldo cada día a Rajoy, procurando derrocarlo de su pedestal de líder moderado. Otra paradoja: Rajoy ni es líder ni es moderado.

*Enric Sopena es director de El Plural