Rajoy se apunta a la moda Le Pen.

Resulta ilustrativo observar cómo a la derecha le fascinan los bailes de disfraces. No parece inexacto describir a Mariano Rajoy como un transformista consumado. El líder del PP actúa con frecuencia a modo de ese “actor o payaso que hace mutaciones rapidísimas en sus trajes y en los tipos que representa”, conforme reza una de las definiciones del vocablo “transformista”, según la Real Academia de la Lengua Española. Naturalmente, le retiramos –tratándose de Rajoy- el término “payaso”, en la medida que pueda resultar peyorativo [que no lo es, por supuesto].

Rajoy cambia de disfraz a gran velocidad. A veces aparece vestido de centrista moderado y en otras ocasiones asume el papel de representar a la derecha extrema, y si no decimos extrema derecha es más que nada por el prurito de no incurrir en exageraciones comprensibles, aunque innecesarias. Pasó como una exhalación -tras la derrota del 9-M y para salvar su pescuezo- de ser el jefe del PP de la bronca y la tangana permanente a líder de un presunto partido centrista y moderado.

Firmeza y mano dura
Ahora le ha dado por emular a Jean-Marie Le Pen o, si se prefiere, a Silvio Berlusconi y a sus aliados en el Gobierno de Italia. Rajoy la ha emprendido estos días contra los inmigrantes. Azuzando a los inmigrantes se debe de creer Rajoy que así potencia su musculatura y proyecta la imagen de firmeza y mano dura que tanto entusiasmo concita entre los conservadores.

Chascarrillos genoveses
Durante la Restauración canovista, los caciques pusieron de moda un chascarrillo perverso: “Al obrero y al pichón, perdigón”. Sustitúyase la palabra obrero por la palabra inmigrante y el chascarrillo parecerá más moderno y hasta digno de los genoveses. Rajoy –que es un político que a menudo da la impresión de haber nacido en las postrimerías del siglo XIX- estamos seguros, sin embargo, que nunca dispararía un solo balín contra un inmigrante.

Torpedos dialécticos
Pero, en cambio, lanza torpedos dialécticos contra ellos, echa de cuando en cuando más aceite al fuego y contribuye a ir construyendo un clima social de enfrentamientos e injusticias múltiples. Rajoy hace unos días denunció que 180.000 inmigrantes cobraban el seguro del paro, como si fueran truhanes. El jueves le dio por decir que los inmigrantes incrementan mucho el “gasto sanitario”.

Servicio público sanitario
Justificó su mendaz aserto subrayando despectivamente que “este sector de población es muy consumidor de servicio público sanitario”. Y, probablemente, al final de su nuevo ejercicio de demagogia, se fumó –satisfecho- su acostumbrado puro. Le informaron después que Esperanza Aguirre fue recibida en el Congreso del PP de Madrid a ritmo de Shakira y su Don´t bother.

“Mucho mejor que yo”
Le tradujeron la letra: “Ella tiene una apariencia/ que desafía la gravedad/ ella es la mejor cocinera/ y no tiene ni un gramo de grasa/ Estudió en una escuela privada/ y habla un perfecto francés/ Tiene los amigos perfectos/ ¿acaso ella no es genial?/ Ella practica Tai Chi/ nunca se pone nerviosa/ ella es mucho mejor que yo…”

Próximo disfraz
Le cambió la faz al oír eso de que “ella es mucho mejor que hoy”. Pensó que su próximo disfraz tendría que el de practicante de Tai/Chi. Entre los inmigrantes hay en España –se dijo a sí mismo- pocos chinos. Y éstos son gente laboriosa y seria que apenas consume “servicio público sanitario”. Respiró más tranquilo, se fumó otro puro y se durmió.