Más de un lector se habrá levantado hoy ávido en busca del ganador del debate de ayer. Es una respuesta casi necesaria el día después. Todos, o la mayoría, necesitamos confirmar con vehemencia lo que vimos de una forma más solemne. Decía el filósofo griego que todo es "según medida". Y aquí no es una excepción. El mundo de los bandos en prensa clama por sus héroes.
Sin embargo, la realidad es otra. En los debates televisivos nunca gana nadie. Solo se puede perder. Y, con la noche detrás, podemos decir con solemnidad que Sánchez Castejón salió perdiendo. ¿Ganó entonces Núñez Feijoó? Pues… él salió a golpear, usando un símil del ring de boxeo, y lanzó continuos derechazos a su rival. Este apenas musitaba palabras y mostraba una sonrisa entrecortada de un perdedor.
La política no son puntos, son votos. Y anoche algunos creíamos que este debate sería decisivo para muchos indecisos. Pero la audiencia, lejos de los 10 millones previstos, se quedó en apenas 6 millones, lo que parece indicar que consideraron ganador a aquel que ya ha pasado de la política y de los líderes. No ganaron los presentes, pero mucho menos los ausentes. Ninguno parece haber entendido que la política no entusiasma al espectador. Los debates no se ganan, solo se pierden. Y cuando uno logra que su rival pierda, no siempre significa que haya ganado.
Y no debemos olvidar la presencia de los medios. Ayer había una hooligan entre los moderadores, Ana Pastor, y un hombre en silencio, Vicente Vallés. La política debería recapacitar, ya que no logran sumar votantes, pero la prensa también debería empezar a entender por qué, hace tiempo, dejaron de ser el cuarto poder. El presidente, seguramente el peor de la historia de España, ha pasado por muchos medios y solo un aspirante a presidente ha sabido ponerlo en apuros. El resto son mediocres a sueldo de los cuales no se puede esperar nada.
Y esto es España a poco más de 10 días de las elecciones. Candidatos enredados en saber quién gana. Prensa haciendo cábalas para ver quién les mantendrá su tren de vida los próximos años. Y ustedes, nosotros, pendientes de llegar a fin de mes o de pagar el enésimo impuesto para mantener a unos y otros. Luego dirán por qué la política no ilusiona. Luego, simplemente, brindarán por ganar. Esto no se trata de servicio público, claramente se trata de un servicio de colocación, donde los ciudadanos de a pie no importamos a nadie. ¿Quién ganó? Y a quién le importa.



