El término «personalidad adictiva» suele usarse para describir a personas que tienen unos rasgos personales que hacen que resulten más vulnerables a la amenaza de una adicción.
Aunque se trata de una definición muy amplia, las causas y complejidades de la personalidad adictiva son tan variadas que los expertos clínicos no se ponen de acuerdo sobre el tema.
Causas de la personalidad adictiva
El origen de la personalidad adictiva suele localizarse en una o más de las tres categorías siguientes: genética, entorno y psicología.
Los factores genéticos se refieren a aquellos rasgos de personalidad adictiva que se transmiten genéticamente de padres a hijos. Se ha demostrado científicamente que ciertos aspectos que pueden contribuir a desarrollar una personalidad adictiva, como la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo y la falta de autocontrol, tienen un origen genético.
Por su parte, los factores del entorno, que incluyen traumas infantiles y casos que provocan un estrés continuado (como una guerra), también pueden ayudar a desarrollar aspectos relacionados con la personalidad adictiva.
Los factores psicológicos, como las personas impulsivas, obsesivas, propensas a asumir riesgos, insociables o poco convencionales, también se consideran potenciadores de una personalidad adictiva.
En la mayoría de los casos, la personalidad adictiva se origina a partir de una combinación de las tres etiologías, si bien hay estudios del comportamiento que sugieren que la genética desempeña el papel más importante.
Capacidad destructora de la personalidad adictiva
Por lo general, demasiado de algo nunca es bueno, pero en el caso de las adicciones que afectan a los pacientes con personalidad adictiva este «demasiado» puede llegar a ser catastrófico.
Por ejemplo, la adicción al alcohol, a las drogas o a otros fármacos se encuentra entre las adicciones más destructivas, ya que la psicología de una personalidad adictiva se combina con una adicción psicológica en la que el cuerpo pide a gritos una sustancia que lo perjudica.
De la misma manera, las personas con una personalidad adictiva suelen mantener una relación poco saludable con la comida, lo que puede provocar anorexia, bulimia, obesidad y otros trastornos alimentarios graves.
Si no tenemos en cuenta los daños físicos, el juego es posiblemente la actividad más destructiva que puede padecer una persona con personalidad adictiva. A diferencia de lo que ocurre con la adicción a las drogas, en las que el cuerpo exige el consumo de una determinada sustancia química, el factor adictivo del juego puede darse por múltiples motivos, pero puede ser igual de peligroso para la salud y el bienestar de la persona. Los ludópatas pueden sufrir su adicción en silencio, sin mostrar ninguna evidencia física hasta que ya es demasiado tarde.
En los últimos años, ha surgido una nueva forma de adicción: las redes sociales. Al estar siempre disponibles en el celular, esta forma de adicción afecta a una gran parte de la población y supone una grave amenaza para las personas con personalidad adictiva.
Aspectos positivos de una personalidad adictiva
Las personas que sufren una adicción tienen una cosa en común: todos buscan una sensación de bienestar y positividad, ya sea por el subidón que aportan las drogas y el juego, por el consuelo que transmiten la comida o el alcohol, o por la aceptación que encuentran en las redes sociales.
El problema radica en el hecho de que estos hábitos son destructivos y tras cada subidón se esconde un vacío que provoca importantes daños tanto físicos como mentales que se perpetúan en el tiempo. Y cuanto más vacía se siente la persona tras cada subidón, más se agarra a su adicción para volver a sentirse bien, de modo que se inicia un círculo vicioso del que es cada vez más difícil salir.
Las personas con personalidad adictiva que presentan una mayor vulnerabilidad ante las adicciones deberían canalizar sus rasgos hacia aspectos que tengan un impacto positivo y sano en la vida.
Tiger Woods, uno de los deportistas más icónicos de la historia, es un buen ejemplo de alguien que ha mostrado sus dos caras debido a una personalidad adictiva. Los rasgos que lo caracterizan (adicción a la victoria, a la perfección, al éxito, al golf) lo llevaron a convertirse en el mejor golfista de su generación. Sin embargo, estos mismos rasgos mal canalizados le condujeron a la adicción al sexo, a un adulterio incontrolable y a la dependencia de ciertos medicamentos. Fue incapaz de resistir las tentaciones a las que se expone a menudo un hombre de su estatus, fama y riqueza.
Su recuperación y redención suponen una lección para todas las personas con personalidad adictiva, ya que demuestran que estos rasgos pueden encauzarse de forma positiva. En lugar de buscar el consuelo que su personalidad adictiva le exigía en el alcohol o el sexo, Woods volvió a centrarse en el golf, en la familia y en su fundación.
Esta misma estrategia puede aplicarse a cualquier individuo con personalidad adictiva. Se trata de sustituir la euforia que provocan adicciones destructivas por la que proporcionan actividades saludables, ya sea centrarse en el bienestar y la salud, mejorar a través del yoga y la meditación (muy común entre adictos recuperados) o descubrir el placer del trabajo voluntario.



