IBON URÍA
- En 20 meses Sánchez ha perdido el timón del PSOE, lo ha recuperado y está a las puertas de la Moncloa.
- Aunque muchos lo han desdeñado, este viernes culmina una remontada inimaginable hace escasas fechas.
Este viernes se cumplen 20 meses del Comité Federal que obligó a Pedro Sánchez (Madrid, 1972) a dimitir de la Secretaría General del PSOE. Tras los sinsabores de las generales de 2015 y 2016 y una guerra interna como no se recordaba en su partido, Sánchez fue desahuciado de Ferraz, y 28 días más tarde renunció al escaño para no abstenerse en la investidura de Rajoy.
Entonces tocó fondo, se alejó de la vida pública e inició una larga travesía por el desierto. Sus fieles, que defendieron hasta el final el no es no al PP, temieron durante semanas que no se presentara a las primarias del PSOE, como le pedían.
Competir en ese proceso interno marcó el inicio de la remontada que está a punto de culminar. Arropado por sus incondicionales, despertó la ilusión de la militancia y derrotó al establishment socialista, que daba por hecho el desembarco de Susana Díaz en Madrid. Pero no: Sánchez le ganó por 10 puntos.
Aunque comenzó su segunda vida con las pilas recargadas, pronto surgieron dificultades: tras una campaña interna basada en defender la izquierda y la plurinacionalidad, se alineó con el Gobierno para activar el artículo 155, lo territorial se impuso a lo social, la mejora inicial en los sondeos se fue disolviendo, y en sectores del PSOE rebrotó la desconfianza.
Año y medio después, Sánchez regresó ayer al Congreso. Entró sin tener atados los votos para su moción contra Rajoy, y salió con ellos en el bolsillo tras convencer a independentistas y nacionalistas, esos con los que el Comité Federal del PSOE le impidió dialogar en 2015.
En Sánchez y el PSOE hay un cambio evidente. Él ha ganado aplomo y control, y en el partido ya no hay una oposición interna organizada. Aunque varios barones preferían que la moción no prosperase gracias ERC y PDeCAT, un Sánchez presidente será más fuerte.
Claro que no lo tendrá fácil: llega a la Moncloa sin escaño, con solo 84 diputados, una aritmética endiablada, la crisis catalana por resolver y un programa por concretar. Algunos en el PSOE creen que estos obstáculos pueden quemarlo, pero muchos más creen que es una ocasión de oro para demostrar que los socialistas pueden gobernar y convencer.
Así, y tras fallar en 2015 y 2016, Sánchez será, salvo sorpresa, presidente por la vía rápida. Sus rivales dicen que le mueve el interés personal. Sus afines, en cambio, elogian sus principios y su persistencia. Lo cierto es que tiene más determinación y estrategia que lo que muchos esperaban. Y que cuando lo desdeñaban, siguió creyendo en sí mismo.




