Pablo Cambronero: “Hay que darle una vuelta a lo que es la filosofía política del país”

Pablo Cambronero / GN
Pablo Cambronero / GN

Pablo Cambronero (1979) se ha convertido en una de las voces recientes más críticas con la política española que nace desde el Congreso de los Diputados. Creador del perfil de redes sociales @CongresoEscucha, se situó sobre todo a la palestra por su ‘no’ a la reforma laboral, una decisión que mantiene bien firme: “Acerté en mi voto, otros no, y voté que no con convicción y conocimiento de lo que estaba votando, no por una regla de tres política”.

Entre la crisis energética y de transportistas, los efectos de la guerra en Ucrania y un contexto todavía marcado por la pandemia, la gestión política tiene que ser más eficaz que nunca. ¿Cómo valora el rol del ejecutivo de Pedro Sánchez en dicha situación?

Evidentemente, la valoro como la están valorando la gran mayoría de los ciudadanos: negativamente. Nuestro país sufre más que todos los demás de su entorno, y esto no es una cosa casual o por nuestra situación estratégica, sino por la mala gestión de Pedro Sánchez. No lo digo yo, lo dicen los datos, y además el Ejecutivo se está enfrentado directamente a la calle, no en vano la crisis de los transportistas ha demostrado que, a pesar de que el Gobierno ha regado con muchos millones a los sindicatos, el descontento de los sectores está ahí y se está palpando. Por lo tanto, la valoración del Ejecutivo de Sánchez no puede ser otra cosa que negativa, e incluso catastrófica, porque en los peores momentos de nuestra historia democrática nos ha tocado sufrir un gobierno que lo basa todo en las ayudas, y así lo estamos sufriendo.

Vamos por partes. ¿Cómo está gestionando el Gobierno la crisis energética?

Creo que de una forma muy errónea. Sabemos que hay una energía considerada verde por Europa, que además ha demostrado que puede ser eficaz por el autoabastecimiento y que muchos países como Alemania o Francia están invirtiendo en ella, pero en nuestro país el Gobierno la tacha como energía sucia y peligrosa, y no tiene datos científicos para apoyar esta decisión. La crisis energética se está abordando desde la peor perspectiva posible, la de la dependencia extrema del extranjero, y encima tenemos que sumarle la nefasta decisión que ha tenido Sánchez con respecto al Sáhara Occidental: ha conseguido que Argelia nos considere como enemigo cuando es el máximo suministrador de gas que tenemos en el país. Es difícil hacerlo peor.

En el caso de los transportistas: ¿cuál considera que debería ser la gestión?

Evidentemente, no es un Gobierno al que le guste negociar. No en vano, ha llamado e incluso insultado a la plataforma que ha montado la huelga, tachándola de extrema derecha, y esta no es forma de negociar. Se equivocan en las formas y también el fondo, porque un descuento de veinte céntimos no va a parar la crisis del sector y no va a hacer que sacar un camión sea económicamente sostenible para los sostenibles. Tendremos que ver qué soluciones aportan de aquí en adelante, pero creo que la que se ha tomado no va a ser efectiva, desde luego.

¿Y cómo valora el papel del Gobierno en la guerra entre Ucrania y Rusia?

La invasión ha sido, desde luego, una de las agresiones más ilegítimas del Derecho Internacional que hemos vivido, y el Gobierno siempre se ha mostrado dividido. Ha tenido un sector, con Montero y Belarra, ministras de Podemos, que han dicho que no enviarían armas, que no enviarían la ayuda que necesitaba Ucrania. El papel del Gobierno finalmente ha sido secundario o terciario, no en vano el resto de países de la OTAN no se fían de España, porque este Gobierno tiene dentro a nada menos que comunistas o personas como Enrique Santiago, que ha sido abogado de las FARC. No nos puede extrañar que el papel de nuestro Gobierno haya sido casi escondido.     

Usted es policía nacional, pero no es el único caso del Congreso que trabaja en las fuerzas y cuerpos de seguridad. ¿A qué atribuye esta tendencia reciente?

Sí que es cierto que hay algún que otro compañero dentro del Congreso, hablo de Felipe Sicilia (PSOE) y de Ana Vázquez (PP).  ¿Por qué esta tendencia? Tenemos conocimiento del sector público que defendemos y, al tener este conocimiento, podemos proponer soluciones. Por ejemplo, yo mismo, con los años de patrullaje que he tenido, tengo un conocimiento de los problemas de la sociedad. Como decimos siempre, somos partícipes de los cinco peores minutos de todo el mundo, y con dichos conocimientos creo que podemos aportar bastante al campo político, sobre todo en el ámbito de Interior. 

También fue uno de los primeros en abandonar Ciudadanos para acceder al Grupo Mixto. ¿La formación naranja está abocada a la desaparición?

Tienen un grave problema, evidentemente. La ciudadanía no los considera como una opción válida, todas las encuestas lo dicen, y ya prácticamente nadie confía en su proyecto. También es cierto que la sociedad está polarizada, y un partido de centro así pasa desapercibido. Yo siempre pongo un ejemplo: en un Madrid-Barça nadie va a votar al árbitro, y si te quieres convertir en el árbitro nadie te quiere. La supervivencia de Ciudadanos está amenazada, y considero que tampoco están haciendo lo necesario para mantenerse vivos y ser fieles a sus políticos, sino que se están lanzando a los brazos del PSOE de una manera casi descarada. Yo no estuve dispuesto a pagar este precio y por eso me he mantenido en el Grupo Mixto. 

Su nombre apareció claramente en la palestra después de decir 'no' a la reforma laboral. Fue una decisión valiente y supongo que recibió ciertas presiones…

Sí que se sufrieron ciertas presiones, también por redes sociales. Tras una primera llamada del PSOE en el que no hablamos concretamente de nada, sino que nos emplazamos a una siguiente llamada, yo presenté varias preguntas por escrito para saber en qué consiste esta reforma laboral y si podía perjudicar en algunos casos a varios sectores laborales, como pueden ser los temporeros. Evidentemente, no se me contestó, de hecho la respuesta la recibí después y tampoco aclara nada. No en vano, estamos viendo por ejemplo que los montadores de feria, a poco tiempo para que se celebre la Feria de Abril, están en huelga porque la reforma laboral no aclara su situación. Acerté en mi voto, otros no, y voté que no con convicción y conocimiento de lo que estaba votando, no por una regla de tres política.

¿Considera que precisamente procesos como la aprobación de la reforma laboral son sintomáticos de cómo funciona el país administrativamente y políticamente desde el Congreso?

El Congreso siempre es una muestra de la sociedad, la representa. El Congreso funciona muy mal, es capaz de que a un diputado, a un representante del pueblo español, se le coarten todos sus derechos, incluso intervenir en pleno, tener comisión e, incluso, las subvenciones, como es mi caso. Es un reflejo de la sociedad: administrativamente las mareas burocráticas que tienes que ejercer para llegar a algún tipo de derecho o para hacer determinadas gestiones, muestran que la administración no funciona bien, y eso hay que cambiarlo. Pero para ello hace falta otro Gobierno, porque este precisamente está creando más burocracia, más trabas y más aparato inoperativo.

¿No es en cierto modo cómico que se abra una cuenta de Twitter (@CongresoEscucha), teniendo en cuenta que uno de los atributos básicos que se le exige a la política es la de escuchar?

Es muy curioso. Aquí en España nunca se había hecho, en otros países sí. Junto con Carles Enric decidimos abrir esta cuenta para acceder también a las peticiones de los ciudadanos, para ser una vía directa del ciudadano con el Gobierno con el objetivo de plantear preguntas o incluso otro tipo de iniciativas más potentes como pueden ser una proposición no de ley o una petición de datos concretos. Y la verdad es que la iniciativa tuvo mucho éxito. Es cierto que el político está para escuchar al ciudadano y para llevar hasta el Congreso sus demandas, y por eso decidimos realizar este perfil. Funciona muy bien, implica mucho trabajo y lo hago muy a gusto, y de hecho ahora hemos dado un paso más con la Oficina del Diputado, que hemos abierto para crear una plataforma más profesionalizada de preguntas-respuestas y otro tipo de iniciativas. Implica más trabajo, pero para eso estamos, para representar al pueblo español. 

Y ligado con la última cuestión: disputas, rencillas, casos de corrupción… ¿La política actual está a la altura de lo que se merece la ciudadanía?

Es evidente que no. Los ciudadanos expresan su desconfianza en la política cada vez que se les hace una encuesta, y de hecho tachan a la política y a los políticos como un problema, más que como una solución, que es lo que debería ser. No estamos a la altura, y creo que en el Congreso, que es la cámara legislativa por antonomasia, se tiene que hacer política para los ciudadanos y un control del Gobierno, que muchas veces nos lo ponen muy difícil porque intentan usar su mayoría para que nosotros no podamos controlarle. Hay que darle una vuelta a lo que es la filosofía política del país: debería haber una política más de consenso, acordar los aspectos básicos de los ciudadanos. Y a partir de aquí cada uno tiene su oferta y cada uno puede escoger.