No es lo mismo la corrupción prescrita que la presunta.

El vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, está exultante. La Audiencia Provincial de Castellón decidió ayer sobreseer los presuntos delitos fiscales cometidos entre los años 2000 y 2003 por el presidente de la Diputación castellonense, Carlos Fabra. Consideran los magistrados que tales delitos han “prescrito”. Pero, por otra parte, no debe olvidarse que la iniciativa judicial de la mencionada Audiencia será lógicamente recurrida ante el Tribunal Supremo.

Por tanto, no estamos frente a un asunto cerrado, a pesar de que González Pons vaya provocando al personal diciendo que se trata de “una buena noticia para la presunción de inocencia”, y añadiendo: “Es una mala noticia para los fans de los banquillos mediáticos, que en España los hay y muchos”. El portavoz de Mariano Rajoy oculta además en sus declaraciones que siguen estando abiertas varias causas que afectan a Fabra.

“Banquillos mediáticos”
Es decir, que el PP demostró ayer de forma inequívoca, y una vez más, que la corrupción política –uno de cuyos adalides es sin duda Fabra, según numerosos indicios- se la trae más bien al fresco. Que hayan prescrito –según la Audiencia de Castellón- algunos delitos no hace más que ratificar que esos delitos existieron y que no fueron ningún invento de “los fans de los banquillos mediáticos”. González Pons bordea a menudo el ridículo.

Fiscalía Anticorrupción
¿Cómo puede -un partido que ha gobernado durante ocho años España y que ahora aspira a gobernar de nuevo- pasar por alto la corrupción ya no presunta, sino prescrita, que no es lo mismo, de un alto dirigente popular? Pues puede porque el líder de esta derecha, Rajoy, no ha hecho nada, absolutamente nada, para desenmascarar a los corruptos de su partido –recordemos el caso Gürtel, por ejemplo-, echarlos a la calle y enviarlos con urgencia a la Fiscalía Anticorrupción.

El primer éxito
El comportamiento de la cúpula genovesa no ha sido ejemplar, sino todo lo contrario. Rajoy ha protegido a gentes pringadas por la trama Gürtel y no ordenó en su momento ni una investigación interna. La doctrina Rajoy es un brindis al sol del cinismo. Desde que estallaron los escándalos, la derecha ha jugado a la defensiva, quitándose su mierda de encima y, en paralelo, acusando al Gobierno Zapatero de haber puesto en marcha un montaje policíaco/judicial con el fin de perseguir a la oposición. El primer éxito de esta política salvaje fue hundir al juez Garzón, mediante una conspiración en toda regla.

Garzón
¿Alguien se cree que, si Garzón hubiera mirado hacia otro lado en el caso Gürtel, le habrían llevado -por medio de tres querellas distintas- como si fuera un presunto delincuente, ante el Tribunal Supremo? Lo de Fabra -retornando de este modo al cacique de Castellón- proyecta la turbia imagen de una indolencia judicial o de una cuidadosa presión contra los jueces. Todo esto ha permitido que el PP consiga el objetivo de salvar a Fabra. O sea, que a base de retrasos monumentales en la actuación de la Justicia, Fabra va saliendo del affaire. Por ahora de rositas.

*Enric Sopena es director de EL PLURAL y colaborador de Girona Noticies.