“Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio”.

“Quien ha querido esta ruptura es el sector más duro del PP”, denunció el pasado 31 de octubre el líder de Unión del Pueblo Navarro (UPN), Miguel Sanz, a su vez presidente del actual Gobierno autonómico gracias al apoyo parlamentario del Partido Socialista de Navarra (PSN). Los socialistas navarros renunciaron a presidir un Gobierno de coalición con Nafarroa Bai e IUN-NB.

Lo hicieron a instancias de José Blanco, quien no erró el diagnóstico, aunque tuvo que emplearse a fondo para convencer a sus compañeros de partido de que -con las elecciones de marzo a la vuelta de la esquina- esta decisión era la más adecuada. Amarró Blanco el presente y puede asegurarse que acertó el futuro.

Los halcones
La acusación de Sanz, dirigida al “sector más duro” popular es singularmente grave porque esa quiebra ha sido gestionada por Mariano Rajoy y sus colaboradores más inmediatos. ¿Pretendía decir Sanz, con tales palabras, que Rajoy es rehén de los halcones, capitaneados cada vez de manera más clara por José María Aznar y, desde luego, por Esperanza Aguirre, amén de buena parte de la prensa afín?

En el puente de mando
Sea como fuere, lo cierto es que –con Rajoy en el puente de mando de Génova 13- los populares han sufrido una perdida relevante. Ni se ha roto España ni tampoco Navarra. Pero sí se ha roto con estruendo el PP en esa Comunidad. La fractura interna la puede pagar muy cara Rajoy. En las elecciones autonómicas últimas (las de junio de 2007), el PP consiguió –a través de la marca UPN- 22 escaños y dos más provenientes de Convergencia de Demócratas de Navarra (CDN). El bloque opositor cosechó 24 diputados.

La encuesta
Si las elecciones se celebraran ahora –según la encuesta que publicó ayer Diario de Navarra- el PP tendría que conformarse con cinco diputados. También bajaría UPN pero, aun así, seguiría siendo la fuerza más votada con 17 diputados. Es decir que –de confirmarse más o menos estos datos- el PP correría el riesgo de ser, como le sucede en Cataluña y también en el País Vasco, un partido marginal o irrelevante.

El tablero de los pactos
Por el contrario, en el tablero de los pactos, el PSN estaría en condiciones de escoger dos posibles socios: o los nacionalistas de orientación vasca o los regionalistas navarros. Y, a estos efectos, los ejemplos del Ayuntamiento de Logroño, del Gobierno de Aragón y del Ayuntamiento de Zaragoza, del Gobierno cántabro, del tripartito catalán y del Ayuntamiento de Barcelona, y el del Ejecutivo de Baleares y el Ayuntamiento de la ciudad de Palma de Mallorca -entre otras muchas combinaciones similares- acreditan la experiencia del PSOE a la hora de buscar alianzas.

El trauma de la escisión
Por otra parte, difícilmente -sobre todo después del trauma de la escisión- cabría plantearse un Gobierno de UPN más PP. Con el agravante de que no parece sencillo que la suma de ambos llegara a la mayoría necesaria para gobernar. Falta mucho tiempo para los próximos comicios, pero el porvenir apunta en el sentido indicado.

Vicisitud navarra
Esta vicisitud navarra viene a ser, a fin de cuentas, la cosecha más tangible –o sea, que se puede percibir de manera precisa- del líder de la derecha española. Para mayor inri o escarnio, Pamplona fue el escenario de la postrera manifestación montada por el PP y la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) con el fin de defender la continuidad de Navarra frente a los fantasmagóricos peligros que le acechaban.

Crispación y embustes
Ello, claro está, según repetían los augures especializados en crispación y en embustes. Esa manifestación la encabezó Rajoy, quien parecía aquella tarde de sábado encantado de haberse conocido. Pues bien, ha sido en Navarra precisamente donde se ha registrado –meses más tarde del Congreso de Valencia- el primer gran tropezón del jefe del PP y su corte. A veces, el destino o la Providencia gastan bromas más bien pesadas.

Factor desestabilizador
Resulta comprensible, por consiguiente, que los críticos de Rajoy –que forman parte del sector duro en el interior del PP- hayan vuelto al campo de batalla, dispuestos a no dar tregua a su controvertido líder. El balance de su liderazgo es manifiestamente mejorable, a pesar de contar en favor suyo con el factor desestabilizador de la crisis económica internacional. Zapatero no despega, pero Rajoy desaprovecha la coyuntura –así se las ponían a Fernando VII- y no consigue pasar del empate, como le ha reprochado Aznar para solaz de Aguirre…y de Rosa Díez.

Impotencia o torpeza
Rajoy ha demostrado su impotencia o su torpeza mayúscula infravalorando el alcance de la ruptura de UPN. No hay que olvidar, por otra parte, que ha permitido –por activa o por pasiva, da igual- que la mencionada Rosa Díez creciera vertiginosamente a la sombra del PP, el partido más perjudicado a día de hoy por el invento de la ex socialista.

Iconos sacrificados
Y ha sacrificado inútilmente a iconos de los conservadores españoles como son María San Gil y José Antonio Ortega Lara, mientras que Ángel Acebes iba fusilando a centristas como Josep Piqué. Ha logrado que la COPE y El Mundo lo tengan constantemente en su punto de mira y hasta ABC marca distancias. Parece pertinente, pues, recordar respecto a esta derecha aquello de que “ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”.

*Enric Sopena es director de El Plural i colaborador del Girona Notícies.