Las lluvias torrenciales dejan diez muertos en Andalucía y Murcia.

Diez personas murieron en las inundaciones provocadas por las lluvias torrenciales del viernes en Andalucía y Murcia, que provocaron numerosos destrozos antes de perder su intensidad y desplazarse este sábado hacia el noreste.

Las lluvias torrenciales que sorprendieron a miles de habitantes, cientos de los cuales tuvieron que ser evacuados, dejaron tras de ellas riadas de lodo en las calles, vehículos volcados, carreteras cortadas, un puente de autopista destruido y ríos transformados en torrentes de agua negra.

Antes de continuar hacia el noreste por el litoral mediterráneo, mientras pierden intensidad, las trombas de agua asolaron durante la noche del viernes al sábado la provincia de Valencia. Este sábado, las zonas afectadas por las lluvias amanecieron con un cielo más tranquilo y los puertos de Valencia y Sagunto, unos 30 kilómetros al norte de la capital, reabrieron tras varias horas cerrados. Dos buques de carga encallaron en la playa de El Saler, en el litoral valenciano.

En Murcia, donde las lluvias torrenciales se desataron hacia el final de la jornada del viernes, tras haber recorrido Andalucía, los cuerpos de dos hombres fueron descubiertos este sábado, elevando a cinco el número de fallecidos, indicó un portavoz del Gobierno regional. La víspera, por la noche, murieron otras tres personas.

En Andalucía, este sábado fue encontrado el cuerpo de un hombre en Archidona (Málaga), elevando a cinco el número de personas muertas en Andalucía. Mientras, cientos de evacuados volvían progresivamente a sus casas este sábado.

Armados con palas, mangueras y escobas, y ayudados por empleados municipales, trataban de rehabilitar sus viviendas inundadas. En la provincia de Málaga, "únicamente siguen desalojadas algunas personas que viven en lugares aislados", indicó por la tarde una portavoz de los servicios de rescate.

Las inundaciones causaron estragos en numerosos pueblos, como en Villanueva del Trabuco (Málaga), donde las calles permanecían sumergidas bajo un agua fangosa, mientras que los servicios de rescate ayudaban a los habitantes a mover sus coches, limpiar las calles o salvar algunos muebles.