Lamentable reacción de esta derecha de caspa y “coñazo”.

Al final de cada coyuntura delicada y polémica –incluso desde el principio-, a la derecha le acostumbra casi siempre a aflorar, de forma inexorable, su vena falangista. El PP no consigue, con Rajoy o sin Rajoy, desprenderse de su empalagoso legado peronista que –junto al de José Antonio Primo de Rivera- nos sigue conduciendo por la vía de la llamada [por ellos] “revolución pendiente”. Parece imposible entender, de lo contrario, la reacción de esta derecha “de charanga y pandereta”, del “cara al sol y montañas nevadas” o de “Isabel y Fernando el espíritu impera”, frente a los acuerdos alcanzados en París por el conjunto de los países que integran la Unión Europea.

La derecha de caspa y “coñazo” nos pretende asustar cada día con todo género de catástrofes. España se rompe, se quiebra, se desguaza. “Adiós mi España querida/dentro de mi alma te llevo metía/ y aunque soy un emigrante jamás en la vida/ podré olvidarte”, cantaba -en aquellos años de silencio obligado y de la paz de los cementerios- Juanito Valderrama, mientras el Caudillo pedía que volviera a entonarla y él repetía obligadamente la copla patriótica, más acojonado, eso sí, que convencido. Inglaterra, entonces, era la “Pérfida Albión” y los ingleses “los hijos de la Gran Bretaña”, unos mal nacidos que nos habían robado Gibraltar. Los franceses eran gabachos o franchutes y los americanos gentes poco fiables que rodaban películas gravemente peligrosas y hasta podían divorciarse.

Que inventen ellos
¿Pero qué se han creído los dirigentes del Partido Popular, esos herederos sociológicos, e incluso políticos, del franquismo y del reaccionario lema que “¡inventen ellos!”, poniendo a caldo, entre insultos y descalificaciones, a José Luis Rodríguez Zapatero y a su Gobierno –que legítimamente es el Gobierno democrático de todos los ciudadanos- porque, alegan, “lo aprobado no resuelve los problemas de los españoles”?

Un cortijo llamado España
Lo cierto es que olfatean con pavor que, otra vez, se les puede escapar la presa de su infatigable montería, y proclaman -ellos que creen que, de verdad/de verdad, son genéticamente los dueños de un cortijo denominado España- que Zapatero es el “presidente de los banqueros”. No se han puesto el correaje ni la azul camisa vieja, pero se desgañitan gritando contra los bancos y los grandes empresarios, como si fueran los editorialistas del diario Arriba o del sindicalista diario Pueblo, precursores, desde luego, de la -en la actualidad- abundante prensa afín a Génova 13.

Las verdades del barquero
Se mofan de él y le llaman Pepiño. Sin embargo, José Blanco les ha recordado las verdades del barquero. Tiene razón cuando afirma que afrontar la crisis “es una causa nacional” –en estos momentos nos la estamos jugando todos- y también cuando sostiene que “sería una pena que de nuevo el PP y Rajoy fueran un caso aparte en Europa”. Lo están siendo, por desgracia. De nada les sirve a estos ibéricos conservadores montaraces saber que la mayoría de los países de la UE están gobernados por partidos de la derecha. Les enoja hasta el delirium tremens que Zapatero haya sido uno de los máximos impulsores de la cumbre europea de París.

No lo han cazado
Han estado disparando contra Zapatero desde hace muchos meses y pensaban que, por fin, lo habían cazado. Se han mofado de él, lo han vilipendiado, le han reprochado la crisis –como si el presidente español habitara en la Casa Blanca, tan añorada por José María Aznar, el amigo del peor presidente de EEUU. Por cierto, Aznar es –ahí está la documentación- ese valiente “falangista auténtico” que enviaba cartas a la revista SP, la más joseantoniana, a finales de la década de los sesenta del pasado siglo.

El Rey y el Príncipe
Les pone de los nervios que la actitud del presidente haya contado con el respaldo del Rey y del Príncipe Heredero –les hubiera gustado más que en lugar de Juan Carlos I estuviera en La Zarzuela Fernando VII- y pretenden ignorar ahora que Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy desearan públicamente que en las elecciones del 9 de marzo venciera Rajoy. Lo mismo que deseaba Silvio Berlusconi, por ejemplo.

Irritación permanente
Andan desconcertados y viven en estado de irritación permanente. Si se Zapatero se les vuelve a ir de las manos, no les quedará más que la vergüenza del fracaso. Este es su concepto del patriotismo. Son patriotas del poder. Son sólo patriotas de sus intereses y de su fobia contra la izquierda o las gentes progresistas. Juegan a ser populistas y acaban pareciéndose a los descamisados del general Perón y a la demagoga Evita. Son anacrónicos. No han digerido la revolución francesa y ni siquiera la modernidad. Así les va. Con esta derecha no se va a ninguna parte. Así lamentablemente nos va.

*Enric Sopena es director de El Plural