Washington- La Casa Blanca se mantuvo hoy firme en su apoyo al polémico secretario de Justicia de EE.UU., Alberto Gonzales, al indicar que su «credibilidad está intacta», pese a que los demócratas sospechan que cometió perjurio en sus comparecencias ante el Congreso.
Las novedades que surgen a diario sobre el cese de ocho fiscales federales en diciembre pasado y las diferencias dentro del Departamento de Justicia sobre el programa de escuchas telefónicas sin supervisión judicial instaurado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 ponen en la cuerda floja a Gonzales.
Un grupo de cuatro senadores demócratas pidió el jueves la designación de un fiscal especial que investigue si el secretario de Justicia cometió perjurio en sus declaraciones al Congreso sobre el cese de los juristas.
Charles Schumer, Dianne Feinstein, Russ Feingold y Sheldon Whitehouse señalaron que no esperaban «llegar a este punto, pero ¡ya basta!».
En su opinión, Gonzales dijo el año pasado que no hubo ningún tipo de diferencias en el seno del Departamento de Justicia sobre el programa de escuchas ilegales aprobado por el presidente de EE.UU., George W. Bush, lo que se contradice con lo que declaró esta semana ante el Comité Judicial del Senado.
El presidente del Comité Judicial de la cámara alta, Patrick Leahy, también informó el jueves que citará para que comparezca ante este órgano al principal asesor de la Casa Blanca, Karl Rove, sobre el cese de fiscales federales.
En su rueda de prensa diaria, Snow se refirió hoy a las afirmaciones realizadas ayer en el seno del Comité Judicial de la cámara baja por el director de la Oficina Federal de Investigación (FBI) de EE.UU., Robert Müller, quien desmintió declaraciones de Gonzales.
En mayo un funcionario del Departamento de Justicia reveló que Andy Card -ex jefe de Gabinete de la Casa Blanca- y Gonzales habían presionado al secretario de Justicia en 2004, John Ashcroft, cuando se encontraba muy enfermo en el hospital para que re-aprobara el programa de espionaje.
En sus declaraciones del martes ante el Comité de Asuntos Judiciales del Senado, Gonzales negó que su visita hubiera tenido ese objetivo y agregó que fue a informar a Ashcroft sobre cómo se encontraban las cosas en el Congreso.
Müller dijo este jueves que la visita a la clínica sí fue para presionar al entonces secretario de Justicia sobre el programa de escuchas.
«La reunión fue sobre un programa nacional de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) que ha sido muy comentado, sí», contestó Müller.
El director del FBI subrayó que no estuvo presente en la discusión, pero que llegó poco tiempo después y que Ashcroft se lo contó.
Snow subrayó hoy que las declaraciones de Müller «no se contradicen con las Gonzales», y que el programa al que se refería el director del FBI puede ser uno de muchos.
Además, recalcó que Gonzales «intentó en todo momento durante sus comparecencias ser exacto» y aseguró que el «trasfondo legal del programa de escuchas sobre las comunicaciones de Al Qaeda o sospechosos de pertenecer a dicha organización, nunca ha sido objeto de controversia».
El propio portavoz, quien tampoco definió a qué programa de escuchas se refirió ayer Müller, dijo que se ha creado una «situación muy interesante», con los congresistas preguntando «a sabiendas de que él que está sentado al otro lado, está constreñido por el secretismo de la materia».
En medio de todas estas declaraciones, anoche la situación se complicó aún más cuando el senador republicano Arlen Specter rompió las reglas a bordo del avión presidencial «Air Force One».
Specter, según informan hoy varios medios de comunicación, habló con la prensa, algo que según el protocolo no debería hacer como invitado de Bush en el avión, y además aprovechó la ocasión para criticar a Gonzales.
El senador dijo que no veía signos en la Casa Blanca de que Gonzales vaya a dimitir, ya que cuenta con la «lealtad personal» del mandatario estadounidense.
Tanto el Departamento de Justicia como el Congreso llevan a cabo sus propias investigaciones sobre el caso.



