Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? ¿Hasta cuándo, Mariano, abusarás de nuestra paciencia? No es exagerado evocar a Cicerón -teniendo en cuenta las circunstancias actuales- con motivo de su histórico discurso contra Catalina, partidario al parecer de sobornos y otros medios repugnantes para alcanzar el poder político en la antigua Roma.
Mariano Rajoy Brey lleva ya unos cuantos meses tomándonos el pelo. O sea, demasiados meses abusando de nuestra paciencia. No dudó, el jefe de la derecha, en los primeros momentos -después de que estallara el escándalo del caso Correa o el caso Gürtel-, en cerrar filas, negar la mayor e inventarse montajes de todo género para presentarse ante la opinión pública como víctimas del malvado PSOE, del Gobierno y del magistrado Baltasar Garzón.
Penoso espectáculo
Hemos asistido -boquiabiertos, atónitos e indignados- al penoso espectáculo de un PP enfangado en sus propias miserias. Y, lo que es peor, hemos contemplado de cerca un PP cuyo líder máximo ha exhibido su incapacidad para decir de verdad, en serio, “¡hasta aquí hemos llegado!”. Ni lo ha dicho, ni mucho menos lo ha hecho o, al menos, lo ha intentado.
De cerca
Hemos visto de cerca hasta qué extremo de hipocresía puede llegar el principal partido de la oposición.Nos han hecho creer que las investigaciones policiales, las de la Fiscalía Anticorrupción y las del juez Garzón, no eran tales. Nos dijeron que todo eso no era más que un montaje. Ni cortos, ni perezosos, se dedicaron a distribuir embustes y falsedades. Acusaron a Zapatero –una de sus especialidades en el arte de la mentira-, acusaron al Gobierno, acusaron al entonces ministro de Justicia, Bermejo, y acusaron, naturalmente, a las fuerzas de Seguridad del Estado. Fascinados por las teorías de la conspiración -que airea El Mundo cuando conviene a sus oscuros propósitos-, se agarraron a teorías similares tratando de salvarse de la quema.
El alegato de Camps
Francisco Camps empezó su defensa, una vez que el rumor sobre sus trajes se convirtió en noticia, con un alegato contra el Estado de Derecho y la democracia española. Mezcló el impago sospechoso de sus vestimentas –aunque no se sepa todavía si la generosidad de los correas y los bigotes incluyó o no regalos de calzoncillos- con imágenes que trataban de proyectar la España actual con la Alemania de Hitler. Su discurso fue, en gran parte, una infamia. Se tuvo que refugiar en las infamias para salvar su cara. El problema son los trajes. Pero además su gravísimo problema es que los depredadores profesionales de su partido entraron y salieron de la Comunidad Valenciana como Pedro por su casa.
La dignidad de Camps
Si Camps tuviera siquiera una dosis mínima de dignidad, tendría que haber enseñado, hace mucho tiempo, las facturas de sus exquisitos trajes y tendría que haber comparecido ante el juez para explicarle los negocios de sus íntimos amigos en territorio valenciano: desde el bigotes a Ricardo Costa, por ejemplo. Sobre este Costa -su número dos del PP valenciano- las sospechas se multiplican –más allá de su accidente- a la velocidad de su multimillonario automóvil. ¿No está todavía Rajoy al corriente de las andanzas levantinas de los presuntos delincuentes, tan amigos, tan queridos, tan entrañables?
Presunción de inocencia
Entre la presunción de inocencia, engañosamente utilizada, y otras insistentes estupideces, Rajoy ha procurado ir tirando. Pero ha empezado a comprobar que la realidad es muy tozuda y que acabará, antes o después, confirmando la veracidad de no pocas de las imputaciones judiciales contra sus colaboradores más cercanos, como es el caso de Luis Bárcenas, el tesorero indomable, sin duda experto conocedor de las cloacas genovesas.
Y menos en las generales
¿Hasta cuándo, Mariano? ¿Hasta cuándo podrá continuar, el jefe de la derecha, empujando su estrategia de la confusión? No confunde ya a nadie, salvo a los fundamentalistas conservadores y a los sinvergüenzas. Con semejante cortejo, Rajoy no está en condiciones de ganar en las urnas de Europa. Y menos en las generales.
*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador Gironanoticies



