¿Quiénes de los ahora emergentes de la moderación se pronunció públicamente contra la guerra de Irak? ¡Ni uno!
A primeros de septiembre del año 2003, a seis meses de las elecciones generales –las que se celebraron el 11 de marzo de 2004-, después de que Aznar, sin consultar ni a Dios ni al Diablo, dispusiera que su sucesor debía ser Rajoy, se nos vino encima a los españoles, de pronto, súbitamente, una desbordante oleada de centrismo genovés.
¡Oh, qué gozosos fueron aquellas maravillosas semanas, cuando la mayor parte de los medios de comunicación –no sólo los afines a la derecha- nos recreaban describiendo con exquisita precisión al príncipe heredero como un hombre inteligente, sereno, moderado, dialogante, centrista, partidario de los pactos y los consensos, nada abrupto, alérgico a cualquier dogmatismo y convencido demócrata!
El milagro
Por fin, llegaba el milagro a España de tener una derecha civilizada. Rajoy venía a ser como una bendición del cielo, tras las dos legislaturas de Aznar. El Gran Líder se retiraba por voluntad propia y -en un gesto de encomiable magnanimidad- había pensado que nadie mejor que Rajoy para limar algunas asperezas, consecuencia lógica de su fuerte y exitoso liderazgo.
Pasó lo que pasó
A partir del 11-M, sin embargo, pasó lo que pasó y aquel sueño de tolerancia conservadora se disipó a velocidad del rayo y con enorme estruendo. Rajoy no resultó ser, ni mucho menos, lo que nos habían contado. Convertido en jefe de la oposición, su gestión fue nefasta. Nunca se sabrá probablemente si era él el principal inductor de las broncas -que fueron constantes hasta la náusea- o si él tan sólo las permitía implícita o explícitamente. Debate bizantino. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?
Pelea interna
En la actualidad, y tras una alborotada pelea interna, Rajoy parece haberse hecho con el partido. Ha desterrado a los halcones, ha marginado a buena parte de la vieja guardia –que ayer rebuznó cuanto pudo en el Congreso valenciano- y está consiguiendo que el PP dé la impresión de que, esta vez sí, su viaje al centro está arribando a la estación término. Hemos descubierto –son días radiantes de vino y de rosas- que incluso hay un sector socialdemócrata en el Partido Popular. Aquí hay de todo, como en botica, vino a decir ayer en Los Desayunos de TVE, Esteban González Pons, flamante portavoz del partido, quien se mostró partidario de Obama. La secretaria general es María Dolores de Cospedal, mal vista –subrayan algunos- por la Iglesia. Y Soraya Sáenz de Santamaría, que se casó por lo civil.
Aguirre, en Sodoma y Gomorra
Mientras, la lideresa de Madrid, Esperanza Aguirre –que aparece como la gran derrotada en la estéril batalla por derribar a Rajoy-, se exhibe con lesbianas, transexuales y homosexuales. No se sabe si Aguirre lo hace para mortificar a Mariano –quien quiere pasar de puntillas durante el Congreso en torno a las bodas homosexuales, porque el sector católico, apóstolico y romano está con el trabuco a punto- o para alardear ella también de progre. Da lo mismo, el PP se parece cada vez más a Sodoma y Gomorra, que es lo que ahora toca.
Baño centrista
¿Estamos inmersos en una operación, semejante a la que nos montaron hace casi cinco años, cuando Rajoy nos fue proyectado como una mezcla -en más joven, claro- de Churchill, Adenauer, De Gásperi y el general De Gaulle? A nadie tendría que sorprender si el baño centrista en el que se han sumergido Rajoy y sus adláteres terminara como si fuera un castillo de arena más. Ya sucedió y sobran motivos para no caer en la trampa de los buenos propósitos y las buenas palabras.
El periodista zafio
El Plural ha desvelado que la nueva secretaria general del PP, De Cospedal, no sólo es esa mujer moderna, dinámica, independiente y resolutiva que nos presentan. Se sumó a la algarada verbal contra el Gobierno Zapatero, se adentró por ciertos vericuetos de la conspiración sobre la autoría del 11-M, coqueteó con el universo de losantos y avaló impertérrita la candidatura a senador de un periodista machista, zafio, homófono, de sal gruesa y hedor de extrema derecha.
Algunas preguntas
Y cabría además formular algunas preguntas. ¿Alguien es capaz de recordar que uno, al menos uno, de estos alegres centristas que han emergido de pronto en el PP se opusiera públicamente a la guerra de Irak, copatrocinada por Aznar? ¿O que uno, al menos uno de ellos, dijera que las acusaciones de connivencia entre Zapatero y ETA eran una simple y perversa canallada? ¿O que uno, al menos uno de ellos, tapara la boca a los promotores mediáticos y políticos de la campaña según la cual tienen más crédito los que defienden el ácido bórico como pista para conocer a los verdaderos autores del 11-M que la esforzada labor de las fuerzas de seguridad del Estado, el juez Bermúdez o los fiscales?
Las vacaciones
No hubo ni uno. Ni una. Todos aplaudían a su jefe, fuera Aznar o fuera Rajoy. Por su parte, Mariano, durante cuatro abominables años, se tomó vacaciones y dejó de ser centrista. ¡Menuda tomadura de pelo!
*Enric Sopena es director de El Plural



