Entre la concordia o la deslealtad.

A Isaías Carrasco, militante del PSOE y de la UGT, ex concejal del Ayuntamiento de Mondragón, le agredieron unos pistoleros de ETA. ¿Qué significa exactamente la palabra “agredir”? Recurramos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Cometer agresión”. Y, a su vez, agresión quiere decir: “Acto de acometer a alguien para matarlo, herirlo o hacerle daño”.

A Isaías Carrasco los asesinos etarras lo mataron.La agresión de los monstruos le produjo la muerte. ¿Alguien puede todavía sostener, tras la agresión letal de ETA en Mondragón, que Zapatero se ha dedicado, con perversa tenacidad, a agredir a las víctimas, conforme le dijera Rajoy la noche del lunes 25 de febrero finalizando el primer debate?

Poco antes de tan terrible episodio, Vicente Martínez Pujalte, portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados durante la recién terminada legislatura, declaró a la emisora municipal de Cieza (Murcia) que el PSOE estaba “negociando con ETA a 48 horas de las elecciones”. Añadió de forma chulesca –es decir, a su imagen y semejanza- las siguientes palabras: “Han mandado socialistas a negociar con ETA, y tengo los nombres”.

Narraba así Martínez Pujalte los bulos que al respecto se vienen repitiendo desde hace semanas y que han surgido de la factoría de Génova 13. Jaime Mayor Oreja ha desarrollado con frecuencia su teoría futbolística de la media parte o el tiempo de descanso.

Nos encontraríamos desde que empezó la campaña electoral en tiempo justamente de descanso. A lo largo de la primera parte habría habido negociaciones del actual Gobierno con ETA antes y después del proceso de paz (mal llamado proceso de paz, según el guión genovés) y esas negociaciones con ETA se iban a reanudar en la segunda parte o segunda legislatura de Zapatero.

Otra versión puntualizaba que, para evitar atentados de ETA en el transcurso de la campaña electoral, Zapatero habría enviado emisarios estos días para aplacar a los jefes de los terroristas. En este punto coincidían Martínez Pujalte y, por supuesto, José Francisco Alcaraz, entre otros fabuladores afines al PP.

La tesis en todo caso más generalizada era que, según Pujalte, “a ETA no le da igual quién gane el domingo porque si gana Zapatero volverán a negociar y eso es un agravio para las víctimas y los españoles”. Dicho de otro modo: ETA habría decidido votar a Zapatero, al fin y al cabo un vendepatrias, y no a Mariano Rajoy, que es un patriota reputado y un político honesto.

Le colgaron a Zapatero el sambenito de amigo, cómplice o rehén voluntario de ETA y sobre esta falacia montaron la de Dios es Cristo. Y han mantenido la patraña hasta que los terroristas se han encargado de desmentir tanta ignominia, tanta ruindad, tanta deslealtad. La mayor desgracia es que la prueba de la inocencia de Zapatero le ha costado nada menos que la vida a Isaías Carrasco.

Resulta, por tanto, cada vez más necesario acabar con este clima -enrarecido y obstruccionista hasta traspasar casi todos los límites- en el cual se ha instalado desde hace años la derecha española. Las urnas de mañana deberían ser, en este sentido, decisivas. Se trata de elegir entre la concordia o la deslealtad. O, en no pocos casos, la infamia.

Descansa en paz Isaías Carrasco. Millones de españoles te respetan y lloran en silencio pensando en tu mujer y en tus tres hijos. Pensando también en todas las víctimas. Todas las víctimas de ETA y todas las del 11-M. Muchos, muchísimos ciudadanos, cuando depositen su voto se acordarán de ti, Isaías.

*Enric Sopena director de El Plural