El PP, heredero del legado franquista.

En El Mundo, ayer entrevistaron a Carmen Lomana, tan famosa actualmente como desconocida. La han conducido al estrellato social los medios y las leyendas urbanas. No se sabe muy bien de dónde viene ni a dónde va. Podría ser aquella «dama, dama de alta cuna/ de baja cama, señora de su señor/amante de un vividor», que cantaba Cecilia hasta que por desgracia desapareció tan pronto, en accidente automovilístico. «Y si no fuera por miedo/ sería la novia en la boda/ el niño en el bautizo/ el muerto en el entierro/con tal de dejar sello».

Lomana insulta al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero –le llama “necio”–, mientras pide que se flexibilice más aún el mercado laboral. Lomana, en cambio, elogia a José María Aznar porque “nos puso donde debemos estar, con los anglosajones. Aquí mucho “Yankees go home”, pero luego todos llevamos las nike”. Redondea su autorretrato –de acuerdo con el guión de la derecha extrema, o similar al que utiliza Esperanza Aguirre, a la cual seguro Lomana admira– sentenciando: “Yo entre el bloque occidental y el otro, lo tengo claro. ¡El burka no me lo pongo” (…) Nada, yo soy asturiana. Somos europeos y cristianos. Si no, hubiéramos dejado aquí a los moros y santas pascuas”.

Innegable nostalgia
No se olvida Lomana de evocar, con innegable nostalgia, al régimen de Franco. “¿Con Franco vivíamos mejor?”, le pregunta el entrevistador. Ella responde: “Lo dice la gente, mal síntoma”. Y de inmediato lanza una perorata favorable básicamente a la política del dictador. “Ganó una guerra –puntualiza la “dama, dama”–, que odio las guerras, pero el que gana hace de su capa un sayo. Equivocado o no [Franco], hizo lo que creyó mejor para España”.

El perfil
Las opiniones de Lomana son, en todo caso, ilustrativas, reveladoras y enormemente interesantes, en la medida que responden al perfil de la inmensa mayoría de los integrantes de la derecha española. Ratifican además la tesis que algunos, muchos, hemos venido defendiendo contra viento y marea –mediante argumentos históricos y realidades evidentes– en relación con el PP y sus vinculaciones ideológicas y sociológicas con el franquismo. No es ninguna exageración afirmar que los dirigentes populares –desde los tiempos de Manuel Fraga Iribarne y sus Siete Magníficos hasta ahora– han sido, al menos, respetuosos y hasta condescendientes con el dictador sangriento. No es ningún guiño a la demagogia sostener que el PP es, en la práctica, el heredero del legado franquista. La dama de moda lo ha certificado. Así se entienden mejor las conductas de los populares, por lo general escasamente democráticas.

*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador del GIRONA NOTICIES