El gran favor de la derecha a Zapatero.

Quien ejerce de portavoz oficioso de Mariano Rajoy, Federico Quevedo, colaborador de El Confidencial y del programa Gato al Agua -ese auto de fe ultramontano que difunde la televisión de Intereconomía- ponía el sábado en boca de una fuente anónima la siguiente reflexión sobre Alberto Ruiz-Gallardón, poco antes de que se supiera qué ciudad iba a ser la sede de los Juegos Olímpicos de 2016: Si es elegida Madrid “no habrá quién lo aguante” y si gana Río de Janeiro, “seguramente tampoco”.

Continúa siendo Gallardón para la dirección del PP una especie de forajido político que no encuentra ubicación adecuada. ¿Por qué genera tanta alergia el actual alcalde de Madrid en su partido, y desde hace tanto tiempo, primero con José María Aznar en el puente de mando y, más tarde, con Rajoy? Sólo hay una explicación plausible a esa pregunta.

Enrocada en la caverna
Gallardón sigue siendo -aunque cada vez con más dificultades- la única esperanza blanca de la derecha española, si no quiere ésta mantenerse enrocada en la caverna. Gallardón suscita una inquina brutal en el propio PP y sus aledaños mediáticos. Da la impresión de que los periodistas que suelen diabolizar a Gallardón están mucho más contentos que los ciudadanos brasileños con el veredicto del COI. La otra noche quedó de nuevo en evidencia, en La Noria, el odio cainita del periodismo reaccionario respecto a Gallardón.

Asalto a bayoneta
Sobre todo a partir del caso Gürtel, en la presente legislatura, y en otros varios lances de la legislatura anterior [desde los matrimonios homosexuales al proceso de paz vasco pasando por el asunto Endesa y el asalto a bayoneta contra el Estatuto catalán o la ley de la Memoria histórica], Rajoy ha demostrado que es capaz de superar incluso a su padrino Aznar a la hora de montar monumentales escandaleras o de propagar falsedades repletas de demagogia antisistema. Rajoy ha defraudado a ingenuos que creían que sería un líder conservador, prudente y moderado.

La encuesta de ayer
Le ocurre a Rajoy que ha tenido la gran fortuna de haberse topado con la crisis económica. Hasta ahora, esa circunstancia le ha permitido sacar pecho, vencer en dos elecciones de escaso relieve, creerse que su victoria en las generales llegará inexorablemente como cae la fruta madura y así ir tirando. Pero la trama Gürtel le puede hacer añicos sus sueños moncloítas. La encuesta de ayer de El País –que ofrece datos muy negativos para el presidente Zapatero- incluye también el descenso en picado de Rajoy a causa del caso Gürtel.

La cruda realidad
José Antonio Zarzalejos, ex director de ABC, destituido con malas artes por los enemigos de Gallardón -los políticos, los episcopales y los mediáticos-, sostiene, a propósito de la corrupción que acosa a los genoveses, que “no es posible eludir por más tiempo enfrentarse a la cruda realidad”. Y añade: “Lo hace [“enfrentarse a la realidad] Dolores de Cospedal que reclama a Camps medidas “contundentes”, mientras Rajoy, esta vez calla y deja –como tantas otras- que el tiempo y los movimientos de unos y otros solventen la situación y le liberen de cualquier toma de decisión precipitada.” Es decir, y con el citado sondeo a la vista, Rajoy puede pagar muy cara su descarada impotencia frente a la corrupción.

Parálisis sucesoria
“El caso Gürtel -advierte Zarzalejos- ha roto la operación sucesoria en el PP; ha lesionado de gravedad a un político como Francisco Camps poniendo al partido en la Comunidad Valenciana bajo sospecha; tiene a la organización afectada seriamente en Madrid y, como consecuencia de una parálisis decisoria propia de Rajoy (…) y de unos argumentos exculpatorios inconsistentes, el primer partido de la oposición entra en una crisis (…)”.

“Un asunto tenebroso”
Rajoy o su entorno opinan que a Gallardón no hay quien lo aguante. Pues bien, lo que debería inquietar al jefe de la oposición –en lugar de pronunciar frasecitas presuntamente ingeniosas- es si él logrará o no aguantarse, teniendo en cuenta la espada de Damocles, en que se ha convertido cada día más el caso Gürtel. Este “asunto tenebroso” -título de una de las novelas de Balzac- compromete sin duda el futuro de Rajoy. Y es que, en efecto, el PP ha entrado o está a punto de entrar en “crisis”, según la atinada observación de Zarzalejos.

Cucamonas mutuas
Bastará para ello –y sobran razones- con que el Tribunal Supremo valide la rigurosa instrucción del juez Flors y rechace, por consiguiente, el archivo de la causa, conseguido a través de una operación teledirigida por el juez De la Rúa, un tipo tan neutral que ha resultado ser “más que amigo” de Camps. Será entonces cuando el fatuo presidente de la Generalitat valenciana comience a tambalearse. El informe de la Policía sobre las actividades supuestamente delictivas de los gürtels en el País Valencià resulta demoledor. A esta conclusión ha llegado también Pedro J. Ramírez, conforme hemos publicado en El Plural. Políticamente hablando, Camps huele a cadaverina. ¿Será posible –si ello acontece- que el hundimiento de Camps no provoque la caída imparable de Rajoy, después de tanta exhibición de cucamonas mutuas y tras el reciente numerito del biombo, solos los dos, en el parador de Alarcón, en Cuenca?

Los palafreneros
Este país no se habrá normalizado respecto a la política democrática hasta que la derecha sea una derecha civilizada o centrista. Hágase una encuesta de preferencias entre Rajoy y Gallardón y se verá cómo el triunfador –a pesar de la decisión del COI- es el alcalde de Madrid. Pero si el PP quiere hacerse el harakiri lo tiene desde luego fácil. Que presente por tercera vez como candidato a Rajoy. Sería un gran favor que los conservadores le harían a José Luis Rodríguez Zapatero. Eso lo ven hasta los invidentes. Salvo Rajoy y su corte de palafreneros.

*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador del GIRONA NOTICIES