Asistimos –probablemente con excesiva indiferencia- a la involución de la República italiana, cada vez más escorada hacia la derecha extrema. El Gobierno de Italia es fruto del berlusconismo –eje mayoritario del Ejecutivo-, que patrocina la mezcla sin apenas escrúpulos de los negocios y la política, todo ello bajo el paraguas ideológico del neoliberalismo. Flanquean a Forza Italia, por un lado, el partido heredero del fascismo -convenientemente edulcorado-, Alianza Nacional, que dirige Gianfranco Fini, y, por el otro, la Liga del Norte, partido cercano a posiciones xenófobas o racistas.
En ese contexto, saludamos con satisfacción el pronunciamiento de la revista católica más leída en Italia, Famiglia Cristiana, advirtiendo en cierto modo de los riesgos de que “el fascismo” estuviera “resurgiendo en nuestro país con un nuevo disfraz”. Esta observación ha ido acompañada -de forma casual o no- por unas frases de Benedicto XVI en su homilía del domingo pasado.
Contra el racismo
“Una de las conquistas mayores de la humanidad ha sido la superación del racismo. Lamentablemente y sin embargo, han resurgido nuevos y preocupantes ejemplos de este fenómeno en diversos países, frecuentemente relacionados a problemas sociales y económicos que, de ningún modo, pueden nunca justificar el desprecio o la discriminación racial”, afirmó el Papa Ratzinger.
La alcaldía de Roma
Aunque no se encuentra ninguna mención explícita a la situación en Italia, no parece disparatado relacionar las palabras del Sumo Pontífice de la Iglesia católica con algunas de las más escandalosas medidas –de carácter represor para con los gitanos y los inmigrantes, por ejemplo-, adoptadas recientemente por el Gobierno que preside Silvio Berlusconi. El hecho de que la alcaldía de Roma la ocupe Gianni Alemanno, un defensor del fascismo, corrobora aún más el temor de que el fantasma de Mussolini -eso sí, con “un nuevo disfraz”, según la versión de la citada revista-, haya reaparecido o esté a punto de hacerlo.
Sin contundencia
Mientras la oposición de centro-izquierda –que fue otra vez derrotada en las urnas- se ha ido desdibujando tras la derrota, otra circunstancia que genera escalofríos, el Gobierno Berlusconi debe al menos soportar la presión de sectores católicos y del propio Benedicto XVI, aunque sin excesiva contundencia.
Varias cartas a la vez
Fue Pío XI (cuyo pontificado se desarrolló entre1922 y1939) el Papa que durante más tiempo convivió con el régimen instaurado por Mussolini. Puede aseverarse que el Papa Ratti jugó varias cartas a la vez respecto al fascismo. En febrero de 1929, firmaron el Ducce y el representante de Dios en la Tierra –conforme a la doctrina ordinaria de la Iglesia- el Tratado de Letrán, del que nació el Estado independiente y soberano del Vaticano. Entonces Ratti describió a Mussolini como “un hombre enviado a nosotros por la Providencia”. [En julio de 1933, por cierto, fue firmado el Concordato con Hitler].
Con ardiente preocupación
Estas circunstancias no le impidieron manifestar determinadas divergencias no menores con el fascismo y, sobre todo, con el nazismo. En cuanto al nazismo, Pío XI redactó una encíclica titulada Con ardiente preocupación, nada complaciente con las teorías del III Reich. Más duro o severo fue, no obstante, con el comunismo al que dedicó su encíclica Divino Redemptoris. Acerca de su muerte, poco antes de que estallara la II Guerra Mundial y con la guerra civil española formalmente terminada, circuló la versión de que fue ordenada por Mussolini. En cuanto al régimen de Franco, Pío XI también tendió a refugiarse en la ambigüedad. No pareció que le entusiasmara, pero no lo condenó, ciertamente.
Primer paso, esperanzador
Veremos -si continúa avanzando la derecha italiana por la senda del autoritarismo y de la xenofobia- cuál será la actitud de Benedicto XVI. Su primer paso resulta esperanzador, pero antes no se oyó voz alguna -o resonó con demasiada tibieza, en el ámbito del Vaticano-, advirtiendo a los ciudadanos, creyentes o no, que el Gobierno que podía formarse, si ganaba Berlusconi, no sería precisamente modélico en orden a lo que se denomina el humanismo cristiano.
El mutismo
¿Por qué se impuso el mutismo de la jerarquía eclesiástica, cuando era de sobras conocida la trayectoria de los tres partidos de la coalición conservadora? No sólo no hubo advertencia seria de sus peligros, sino que hubo significativos gestos y guiños de complicidad, mientras eran contempladas con grandes reticencias, una vez más, las fuerzas progresistas.
*Enric Sopena es director de El Plural



