La Constitución, según el diagnóstico del director de El Mundo, divulgado en su homilía de ayer, “vivió una juventud luminosa y próspera en la que -a pesar de la pervivencia del terrorismo- parecía que llevaba camino de colmar todas sus promesas fundacionales”. Tan esperanzadora etapa empezó en 1996 y terminó en 2004. Fue naturalmente el período en el que José María Aznar presidió el Gobierno. Fueron ocho años de hegemonía conservadora. ¡El PP, entregado a la causa constitucional, quién lo hubiera dicho!
A partir de la llegada de José Luís Rodríguez Zapatero a la Moncloa, todo, sin embargo, se torció. Comenzó a producirse el declive constitucional, “desde aquel catastrófico borrón del hasta entonces buen escribiente que tomó un atajo absurdo contra el criterio de la gran mayoría de la nación”, precisa Ramírez, que vuelve por sus fueros.
“Catastrófico borrón”
Sin nombrar a las cosas por su nombre, jugando a equívoco recatado, Ramírez equipara ese “catastrófico borrón” [el proceso de paz abierto tras el alto el fuego de ETA] con el “error fatídico que aún nos pasa factura”. Y ello lo combina con “una conspiración terrorista que seguimos sin lograr esclarecer”. Obviamente, el director de El Mundo, alude a la conspiración del 11-M, que es uno de sus temas favoritos a la hora de desestabilizar y que – conforme a su criterio y al de su cuadrilla de agitadores- permanece condenado a la opacidad y a las tinieblas.
Aferrados a elucubraciones
Continúan aferrados a sus elucubraciones, como si aquí no hubiera habido una investigación parlamentaria, la acción de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la actuación del Tribunal del 11-M y ni una brizna de credibilidad en el paquete de embustes esparcidos desde muy concretas tribunas mediáticas. En cuanto al proceso de paz, falta a la verdad Ramírez cuando se saca de la manga una “gran mayoría de la nación” que habría sido contraria a transitar por la vía del diálogo, buscando el fin del terrorismo etarra.
La tregua de Aznar
Falta a la verdad porque las encuestas respecto al citado proceso no decían eso, sino que la mayoría de ciudadanos lo apoyaban. Ramírez, una vez más, se olvida pudorosamente de la tregua gestionada por Aznar -que tanto ensalzó él desde su periódico-, cuyo final, por desgracia, provocó un tiempo horrible de múltiples atentados, numerosos asesinatos y violencia estremecedora a cargo de ETA, la culpable, por supuesto. Estas circunstancias las silencia, mientras ensalza de nuevo al Gobierno Aznar, sin citarlo, y califica al Gobierno actual de “torpe, insensato y descreído”.
El policía malo
El sermón dominical de Ramírez va orientado repartir estopa pretendidamente constitucional contra el Estado de las Autonomías y, de forma muy particular, contra Cataluña y Euskadi, además de Galicia, Baleares y Canarias. Con la careta de moderado y equidistante que tanto le agrada lucir –Federico Jiménez Losantos tiene asignado en cambio el papel de policía malo-, Ramírez en esta ocasión se adentra en la caverna, de la mano de un tal Ignacio Gómez de Liaño, al que presenta ante sus lectores como “filósofo progresista, “primo del juez de iguales apellidos y firma habitual de los circuitos intelectuales de la izquierda”.
Empanadas mentales
Que sea primo del juez prevaricador, vale. Que se crea el nuevo Gómez de Liaño filósofo, también. Pero lo de progresista y lo de los circuitos intelectuales de la izquierda, no son más –a lo sumo- que ficciones esotéricas o empanadas mentales. Algo semejante al perfil que algunos proyectan de Rosa Díez y de otros aventureros/as de la política.
Trágica realidad política
El primo ha escrito un libro. Su lectura ha entusiasmado a Ramírez. Propone este primo, por ejemplo, que las Autonomías sean bautizadas como “dictaduras de proximidad”. Y pontifica contra la izquierda: “El hechizo que socialistas y comunistas ejercen (…) ha conseguido que, en su conjunto, la sociedad española haya puesto el destino de España en manos de partidos que proclaman la insolidaridad interregional, la persecución de lo español y de los españoles e incluso el uso de la violencia (…) Esa es nuestra trágica realidad política”.
La decencia democrática
Y lo siguiente rebasa sin exageración alguna los límites de la decencia democrática. El párrafo que reproduzco ha hecho levitar a Pedro J. Ramírez: “Comprendo la desesperanza y el pesimismo de los que viven en las regiones sometidas a la coacción nacionalista, probablemente mucho más dura que la que sufrió el conjunto de la sociedad española durante los años más negros del régimen de Franco. Como los valientes que combatieron ese régimen, los resistentes de ahora deberán conservar su entereza para hacer frente a un enemigo más implacable y totalitario aún que la Brigada Político Social del franquismo”.
La mona y la seda
El director de El Mundo aplaude una literatura que podría haber escrito Pío Moa y/o César Vidal. Se trata de una canallada, propia de la extrema derecha. Confunde un régimen surgido de un golpe de Estado, apoyado por los nazis y los fascistas, con un régimen como el autonómico actual cuyos Gobiernos han sido elegidos por las urnas. Y entra en disquisiciones tan falsas como repugnantes. Lo que dice el primo de Gómez de Liaño es ofensivo. Abonar semejantes teorías -como hace Ramírez- confirma que su ubicación doctrinal es la ultramontana. Por muchos esfuerzos que realice para parecer o dar la impresión de que no lo es. ¿Habrá que recordarle el refrán de la mona y la seda?
*Enric Sopena es director de El Plural



