Han empezado a aflorar respecto al naufragio de Martinsa-Fadesa –según publicaba ayer El País, de lo que nos hicimos eco en El Plural- ciertos tejemanejes respecto a cuanto se ha convenido en denominar, desde hace algunos años, ingeniera financiera. Esta terminología parece tan sólida como aséptica, suena de forma muy positiva a los oídos de los bien pensantes y proyecta una imagen postmoderna de cuantos se dedican a tales menesteres.
Resulta que un informe de tasación infló lo resultados de Martinsa –la empresa inicial de Fernando Martín- a mediados del año 2007. Ese informe lo realizó Tasamadrid, que depende totalmente de Caja Madrid, significativamente la principal acreedora del grupo Martinsa-Fadesa.
Juegos malabares
Los juegos malabares de algunos fakires de la contabilidad, expertos en el arte de esquivar hábilmente la realidad del debe y del haber, permitieron que el portentoso tinglado del Gran Martín -cuyo enriquecimiento ha sido portentoso al pasar de la nada, o la casi nada, al paraíso de los multimillonarios- no entrara en pérdidas hace ya un año.
Cartas marcadas
Los tahúres del Missisipi jugaban con cartas marcadas y un revólver al cinto. En España hubo un tiempo en el que el llamado timo de la estampita obtuvo un éxito enorme. En la actualidad se sigue practicando, como sucedió el pasado lunes en Castellón, a la que una anciana le sustrajeron 6.000 euros cuando iba a depositarlos en Bancaja.
El Dorado
El oficio de timador, incluso el de ladrón del coge el dinero y corre, es sin embargo vetusto y ciertamente obsoleto. El Dorado ha sido siempre una leyenda americana, que se remonta a poco más de un siglo después del descubrimiento por parte de Colón. De esa leyenda de antaño se apropiaron en estos años de imparable expansión inmobiliaria algunos señores del ladrillo. Y es que El Dorado verdadero ha sido el boom del urbanismo a raudales, facilitado por la liberalización del suelo –sin apenas cautelas ni diques de contención- que impulsó en primera instancia el Gobierno que presidía José María Aznar y del que formaba parte su sucesor, Mariano Rajoy.
Los lunes, al sol
La justicia ha iniciado su tarea de examinar, esperemos que con lupa, la suspensión de pagos de Martinsa-Fadesa así como el expediente de regulación de empleo (ERE), que no deja de ser otro eufemismo. Este ERE equivale a que cientos o miles de trabajadores estén destinados bien pronto a pasar los lunes al sol. Y el resto de la semana, más o menos lo mismo.
Alarma social
No sabemos si, por lo demás, corresponde al fiscal general del Estado o, directamente, el fiscal anticorrupción abrir vías rápidas y solventes de investigación, a propósito de cuestiones tan polémicas y tan opacas como las de la tasación a cargo de Tasamadrid o la de la inmensa disponibilidad crediticia de Caja Madrid con el Gran Martín. El presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa –nombrado para el cargo por Aznar, su amigo de oposiciones a inspector de Hacienda- aún no ha trasladado a la ciudadanía su versión lo más completa posible de unos hechos que han redoblado la alarma social que de por sí conlleva toda crisis económica.
Aguirre, tan locuaz siempre
Hay demasiados interrogantes y demasiadas sospechas que ensombrecen la labor –en muchos ámbitos ejemplar- de una entidad como Caja Madrid, con representantes en su consejo y en otras instancias de los partidos políticos. ¿A qué esperan para instar conjuntamente una investigación interna los consejeros tanto del PP como del PSOE? ¿Por qué la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, tan locuaz siempre, no ha comparecido ya en el Parlamento autonómico, a petición propia, para explicar, desde su perspectiva, lo que está sucediendo? ¿Qué sucede con el trapecista Vela, ora en Caja Madrid, ora con el Gran Martín y su circo inmobiliario, y de nuevo ora al lado de Blesa?
*Enric Sopena es director de El Plural



