De cantautor admirado a político de bajo perfil

Este año se cumple el décimo aniversario de la retirada de Lluís Llach como cantautor. Siempre protagonista, Llach decidió alejarse de la vida pública y se marchó al Senegal. Con el auge secesionista, el gerundense volvió a Cataluña y se adhirió al partido integrado por ERC y la Convergencia de Artur Mas. La presencia de Llach en actos y manifestaciones independentistas eran habituales, pero nunca hablaba más de la cuenta. No obstante, desde principios de este año, Llach parece haber cambiado de estrategia. "El día que haya una ley de transitoriedad jurídica, la persona que no haga caso, será castigada", afirmaba Llach en dos mítines organizados por la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural.

Evidentemente las declaraciones de Llach no gustaron a sus compañeros de partido, e incluso parecía que el cantautor habría aprendido la lección. Pero nada más lejos de la realidad. "No haré un paso atrás", se reafirmaba Llach hace unos días en relación a sus declaraciones. Tras sus últimas meteduras de pata, el diputado de Juntos por el Sí (ERC y Convergencia) parece haber perdido la confianza de los suyos. El que fuera uno de los artistas más aclamados de Cataluña, hoy es un político de bajo perfil que no deja de sumar contradicciones. Siempre se ha considerado una persona de izquierdas pero la realidad es que Llach es una de las personas más ricas del Parlamento catalán. Con un patrimonio valorado en 1'3 millones de euros, Llach sigue defendiendo su ideología. Otro aspecto que choca con sus reivindicaciones son sus constantes viajes en África, y también su proximidad con un partido de derechas como es la antigua Convergencia de los Pujol.