Cospedal exhorta a echar a ZP cuanto antes.

Regresa -si es que se había ido en algún momento- el periodismo de truculencia. No importa que The Washington Post haya señalado a José Luís Rodríguez Zapatero como el posible principal aliado europeo de Barack Obama y lo compare con el nuevo presidente de EEUU. Tampoco cuenta, al parecer, que The Financial Times haya diagnosticado que Lukoil no va a quedarse con el control de Repsol YPF.

La oleada de amarillismo que nos invade lo aguanta todo. Desde el periódico de Pedro J. Ramírez se ha afirmado que “lo único que nos faltaba por ver es el servilismo de Zapatero a las mafias rusas”. O se ha escrito editorialmente también que “es inaudita la complacencia del Ejecutivo ante una operación de alto riesgo, que supondría tanto como dejar en manos del Kremlin –y de una compañía vinculada a muy turbios personajes- parte del control energético del sur de Europa”.

Antoni Brufau
Aquí para algunos vale todo. Incluso equiparar a Antoni Brufau, presidente de Repsol y uno de los más prestigiosos directivos de la Caixa –con brillante currículo y ni una mácula judicial- con el financiero delincuente Javier de la Rosa. Al cortejo de los horrores –que tienden a ser peor que los errores- se van sumando, con el estrépito acostumbrado, no pocos de los componentes del puzzle periodístico popular, mezclados de nuevo marianistas, aguirristas o, simplemente, aznaristas.

“De la mano de ZP”
Federico Quevedo, que se jacta de apoyar a Rajoy, titulaba su columna en El Confidencial así: “La mafia rusa entra en el corazón del capitalismo español de la mano de ZP”. Antes, durante el proceso de paz con ETA, Zapatero era para la caverna mediática el “amigo de los terroristas”. Ahora es para la mafia rusa -según la interpretación de ciertos periodistas vinculados ideológicamente con la derecha-, “uno de los nuestros”.

Liquidación por derribo
Jesús Cacho, director del diario digital mencionado, encontraba una fórmula propia del argot empresarial para describir la situación actual: “España S.A., liquidación por derribo”. Otra versión, pues, del famosísimo “España se rompe”, frase slogan de los genoveses. Repasemos las razones que esgrime Cacho respecto a esta liquidación de España: “El barco parece hundirse (…) y sobre las aguas turbulentas asoma (…) el cuerpo exangüe de una sociedad que se consumió en el fuego fatuo del dinero fácil, que se creyó rica, que se empeñó hasta las cejas, hedonista y crédula, que despreció los valores del esfuerzo y el trabajo bien hecho, que se corrompió y se dejó corromper, sin clase empresarial y sin clase política, sin norte”.

El fraile Savonarola
¡Vaya, vaya! El alegato de Cacho recuerda los durísimos sermones del fraile Savonarola contra el hedonismo y la corrupción del Papa Alejandro VI, el célebre Papa Borgia, en la Roma de mediados del siglo XV. Pero no es precisamente Cacho intercambiable con el austero fraile, azote de los vicios del Pontífice y sus cardenales y obispos. ¿Y quién sería en nuestro tiempo, en la España en derribo, que se hunde en el mar embravecido, aquel Papa Borgia? No se sabe; el narrador del desastre total sostiene que en nuestro país ni hay “clase empresarial” ni “clase política”. ¿Esto se acaba, no hay quien lo pare?
¿El último que salga de España, de los restos de España, que apague la luz?

La crisis, de coartada
Ha comenzado -a propósito de Repsol y con la crisis internacional focalizada sólo en España de coartada- otro vendaval más de dislates y de catastrofismo imparable. Estamos, sin embargo, muy curtidos pues han sido muchos, y desde hace mucho tiempo, las tormentas que nos envían los dioses crueles; es decir, los dioses de la derecha extrema o de la demagogia grosera. Sabemos que Mariano Rajoy y sus asesores coinciden en creer que Repsol puede convertirse en la Endesa de 2009 y que habrá fuego a discreción contra La Moncloa.

Buenismo por doquier
Ya lo ha dicho María Dolores de Cospedal: “Hay que echar cuanto antes a Zapatero por ser responsable de la crisis”. Y habrá que investigar cómo logró sentarse en la cumbre de Washington. Y el por qué auténtico del escándalo de la cúpula de Barceló en la sede de la ONU de Ginebra. Y por haberse hecho amiguito de Obama, otro que tal baila; vamos a tener buenismo por doquier, ojo avizor. Y, por supuesto, por ser el máximo responsable no del Gobierno, sino de las mafias rusas que él protege para que hundan Repsol y de ahí nos lleven a todos al naufragio. De Cospedal exhorta a que echemos a Zapatero. No queremos ni socialistas ni mafiosos. Echémoslo y que la troika –ya que hablamos de Rusia, siempre culpable- formada por Aznar, Aguirre y Rajoy nos salve de todos los males. Amén.

*Enric Sopena es director de El Plural