Con el PP gobernando Baleares se multiplicaron los escándalos.

El 11 de julio, Rajoy visitó Castellón y cenó con dirigentes de su partido. El PP castellonense está controlado por Carlos Fabra, verdadero cacique de esa provincia de cuya Diputación es presidente. Durante la época electoral, Rajoy eludió viajar a Castellón. Fotografiarse con Fabra habría facilitado entonces que el foco sobre la corrupción –o al menos sobre la sospecha más que razonable de corrupción- se proyectara en contra de la derecha.

Luego de las elecciones se puso en marcha la operación de acoso y derribo interno, dirigida desde las proximidades de Aznar, propiciada por Aguirre y aireada e impulsada por determinada prensa. Rajoy necesitaba el apoyo de Fabra, entre otros barones, y de pronto resucitó el líder conservador de Castellón. Acudió a Génova 13, en compañía de otros altos cargos populares, a rendir pleitesía a Rajoy y entregarle avales para el decisivo Congreso del PP. Pasado el susto congresual- Rajoy se acercó a Castellón.

Fuga de jueces en Castellón
“Fabra es un ciudadano y un político ejemplar”, declaró. Y añadió Rajoy: “Nadie ha dicho nada [respecto a las acusaciones que circulan contra Fabra desde hace tiempo] en ningún Tribunal”. Naturalmente, el presidente del PP evitó referirse a la escandalosa fuga de jueces que viene ocurriendo en Castellón, lo que dificulta, entorpece y bloquea la actuación de la justicia respecto al político de las gafas negras, todopoderoso padrino que –según la leyenda- ha conseguido que nada se mueva sin su permiso en Castellón. El presidente de la Generalitat Valenciana, Camps, pasa por ser uno de sus protegidos. Como lo fuera en su momento Zaplana, otro que tal baila. O el mismísimo Aznar, con el que trabó amistad en aquellos padelísticos veranos en Les Plagetes.

Fraude de dinero público
No se entiende, por tanto, el por qué algunos de los implicados en la trama del Consorcio Turismo Joven [un fraude de dinero público que se valora en 3 millones de euros], todos ellos ex altos cargos dependientes del Gobierno de las Baleares que presidió el popular Matas, han sido cautelarmente suspendidos de militancia y hasta uno de ellos expulsado del partido. El secretario general del PP de las islas, Estarellas, y el vicesecretario general, Pastor, han criticado a los presuntos chorizos, han pedido excusas y dicen sentirse “avergonzados” por los hechos.

La doctrina Rajoy
Sin embargo, la decisión adoptada por el juez de guardia, tras la detención policial de los acusados, no es una sentencia. Es decir, que tampoco en el caso de las Baleares, todavía “nadie ha dicho nada en ningún Tribunal”, conforme a la doctrina Rajoy. O la que ha aplicado el PP en numerosos episodios de corrupción –cometidos por personas vinculadas al partido o atribuidos a ellas- hasta que no ha habido sentencias firmes.

La tradición de la derecha balear
La tradición de la derecha balear es la de engrosar los negocios privados gracias al dinero público o a las influencias y decisiones de quienes administran el poder político. Cañellas, presidente del primer Gobierno autonómico, encarnó la imagen de escasa o nula sensibilidad en orden a su honradez personal. Era vox populi que se trababa de un gobernante enriquecido por vías repudiables. Empezaron los movimientos –siempre lentos- de los juzgados. Siguió en su cargo hasta que fue condenado por el affaire del túnel de Sòller, aunque se salvó de la cárcel por una curiosa prescripción del delito.

Alto ejecutivo de Barceló
Matas salió zumbando de su cargo tras perder las elecciones del 27 de mayo de 2007 y desobedeció con su gesto el “aquí no dimite nadie”, expresado por Rajoy tras las municipales y autonómicas. Se fue de alto ejecutivo a Estados Unidos de la compañía hotelera Barceló. En febrero de 2007, esa empresa consiguió la adjudicación de la obra y explotación durante cuarenta años del palacio de Congresos de Palma. Los concesionarios eran el Gobierno Matas, y el Ayuntamiento de Palma, también pepero. El solar, de 14.000 metros cuadrados, le salió gratis a Barceló.

Incompatibilidades
Según la normativa vigente, Matas habría vulnerado, al trabajar para Barceló, la ley de incompatibilidades de altos cargos. Conviene precisar además que Barceló fue senador del PP entre 1989 y 1993. Más tarde abandonó la política. Todo no obstante se quedaba en casa. ¿Qué casa? Por ejemplo, el palacete adquirido por Matas en noviembre de 2006, de 725 metros cuadrados, que compró por 950.000 euros, cuando su coste a precio de mercado estaba en los casi cinco millones de euros. Podríamos evocar el caso Andratx o las autovías de Ibiza.

“Tolerancia cero”
Era un sarcasmo oír a Matas en el Parlamento autonómico proclamar la “tolerancia cero” de su Gobierno frente a la corrupción. Habían aflorado el escándalo del palacete y la bochornosa corruptela del caso Rasputín -la noche al parecer loca de Matas y sus acompañantes en Moscú- con la cuenta de cierto festín pagada con dinero público. Tal vez exageró el otro día el dirigente balear de EU-Verds, Esteva, al decir que el Gobierno Matas recordaba la “cueva de Ali-Babá”. Pero esa exageración es comprensible.

Decencia exigible
¿Qué medidas tomará Rajoy ante estos y otros asuntos gravísimos en relación a la decencia exigible a sus compañeros de partido? Que se sepa a día de hoy, ninguna. Rosa Estaràs, su vicepresidenta y ahora su sucesora en la cúpula del PP balear, salió en defensa de Matas cuando estalló el escándalo del palacete. Dijo Estaràs que Matas estaba siendo víctima de un “odio acumulado”. Resulta casi tan patética esta frase como la reciente conjura propagada por su amigo Pedro J. Ramírez, según la cual el Gobierno Antich le habría chafado las vacaciones a Matas al prohibirle la pesca del raor, que es su más preciada afición.

Algo es algo
Pero a la vista de lo que esta pasando, hasta Ramírez ha tenido que reprochar a Matas no dar la cara explicando los turbios manejos del último affaire. Este verano, en todo caso, no acudirá Matas a defender en la playa, rodeado de jóvenes peperos trasladados a Mallorca con dinero asimismo público, la piscina de Ramírez. Lo cierto es que Matas calla. Y Rajoy hace lo mismo. Mira hacia otro lado y se consuela pensando en la ejemplaridad de Fabra. Algo es algo.

*Enric Sopena es director de El Plural