Mariano Rajoy ha recuperado el respaldo de Pedro J. Ramírez, ¡aleluya! El líder de la derecha obedeció ayer disciplinadamente al director de El Mundo, igual que hizo hace unos meses la lideresa cañí, que siguió al pie de la letra la instrucción que Ramírez le envió a través de su periódico para que diera un cerrojazo a la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre el affaire de los espías. Dicho y hecho.
La lógica popular vuelve por sus fueros, “prietas las filas/recias, marciales”. El paralelismo entre Rajoy y Ramírez salta a la vista. Ambos comparten, como mínimo, su ruptura a plazos con el sistema político vigente en España. Ramírez es el cerebro de la conspiración acerca de la autoría del 11-M. Lleva más de cinco años explicando historias pánicas a propósito de quiénes fueron los autores de la mayor matanza terrorista en Madrid. Por sus páginas han desfilado diversos delincuentes cuyas declaraciones encajaban con la doctrina oficial de los conjurados.
Esotéricas teorías
Desde El Mundo, y la COPE de don Federico, se han divulgado las más esotéricas y, por supuesto, maléficas teorías respecto a jueces, fiscales, policías y periodistas no genoveses. Hace poco, Ramírez fichó a al químico Antonio Iglesias, un químico al que describen como independiente, cuando es tan derechista como lo fuera Francisco Franco Bahamonde. Iglesias redactó un libro junto a Casimiro García-Abadillo, el número 2 de El Mundo, en torno a los explosivos del 11-M, intentado demostrar que ese día fueron los etarras los asesinos [que es la tesis de José María Aznar, la de Ángel Acebes y la de Rajoy, que la distribuyó el sábado 10 de marzo de 2004, día de reflexión, gracias naturalmente a El Mundo]. Por cierto, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, se acercó durante unos minutos al acto de presentación de ese libro, habló con García-Abadillo y deseó suerte al Titadyn.
Nueva subida al monte
Rajoy ha roto con el sistema muy a menudo. Demostró a lo largo de la primera legislatura de José Luís Rodríguez Zapatero que el PP puede ejercer de partido antisistema, siempre que lo considere conveniente para sus intereses. Estos días, los populares han exhibido una vez más que no les importa irse al monte. Federico Trillo comenzó a tocar el tambor avisando a sus guerrilleros que pronto iban a ir a por todas. Tras la intervención de De Cospedal –acusando al Gobierno de que dejaba de perseguir a ETA para perseguir al PP, entre otras monstruosidades dialécticas-, ha sido el mismísimo Rajoy el que ha confirmado su nueva subida al monte.
La algarada
Esta situación es gravísima porque contamina a la democracia y al Estado de Derecho. Los genoveses parecen optar por la algarada como instrumento político antes que reconocer que el virus de la corrupción –que éste es el fondo del problema- se les ha escapado de las manos y se ha convertido en una pandemia interna, que afecta a los conservadores y cuyos efectos son hoy por hoy imprevisibles. Rajoy ha enarbolado por enésima vez la bandera de la crispación.
¿Algo inevitable?
Incapaz de asumir sus evidentes equivocaciones y errores en el tratamiento de los corruptos, ha dado crédito a Ramírez y continúa instalado en una peligrosa escapada o huida hacia adelante. Sería oportuno, no obstante, que en estos días estivales Rajoy leyera con calma cómo y por qué acabó hundiéndose en Italia la Democracia Cristiana, el partido más poderoso desde el fin del fascismo. Le pasó algo similar al Partido Socialista de Bettino Craxi. No se sabe, en todo caso, si el líder de la derecha está aún a tiempo de evitar lo que empieza a parecer, ¡ojo!, algo inevitable.
*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador de Girona Noticies



