Las cifras hablan bastante por sí mismas: en apenas dos meses de actividad, el canal de YouTube ‘Confirmado La Moncloa’, creado y dirigido por el periodista Carles Enric, superó los 400.000 usuarios únicos, obtuvo más de dos millones de visualizaciones y generó alrededor de 17.000 suscriptores. “Eso debe hacernos reflexionar que cubrimos un nicho huérfano hasta ese momento”, detalla Enric, que en esta entrevista hace balance de este 2020 atípico.
Los finales de año son momentos de balance. ¿Hay algo positivo de este 2020?
Sí. De forma clara. Las situaciones complicadas deben hacernos ver los elementos más positivos. Tanto aquellos de los que podemos aprender como aquellos que echamos de menos al estar en una situación compleja. Aunque está claro que no todo el mundo tiene la capacidad de aprendizaje en estos momentos.
Estamos hablando de un año marcado inevitablemente por la pandemia. ¿Cómo valora la gestión del Gobierno?
La gestión del Gobierno ha sido, en una palabra, un desastre. No es una cuestión de ideologías, ni de ideas, incluso ni de mentiras. Es una cuestión de cifras. Y estas son rotundas. Somos el país del mundo con las peores cifras de muertos, el peor en caída del PIB. Y uno puede discutir muchas cosas, pero cuando uno lo hace fatal en esos dos temas fundamentales solo queda decir una palabra: un desastre. Luego deberemos ver cómo se explica este desastre no solo a los ciudadanos, sino también ante la justicia.
¿Considera que la crisis sanitaria ha descubierto, aún más, la crisis informativa que padece este país?
Los medios son cómplices de la desinformación del Gobierno, lo que algunos hemos denominado como ‘prostitución de los medios’ ha quedado bien claro. Como paso en Cataluña un buen número de medios deberían ser investigados y procesados por su colaboración, a cambio de dinero, para mantener las mentiras del Gobierno. En España se ha juntado un nefasto Gobierno, una oposición incapaz y unos medios prostituidos. Todo lo peor en una crisis del calibre de la actual.
¿El canal de YouTube 'Confirmado La Moncloa' nació para cubrir algún aspecto informativo actualmente ineficaz, precisamente?
Realmente nació por casualidad. Colaboraba con el programa ‘Estado de Alarma’ y llegó un momento donde el camino se había acabado. Me tomé unos días de reflexión y ante la demanda de oyentes lancé un canal propio. En apenas dos meses superamos los 400.000 usuarios únicos, más de dos millones de visualizaciones y más de 17.000 suscriptores. Eso debe hacernos reflexionar que cubrimos un nicho huérfano hasta ese momento.
¿Está satisfecho, por lo tanto?
La valoración es muy positiva. Hay que reconocer que carecemos de recursos. Las ayudas individuales, más de personas -heroes para mí-, no deben esconder que prácticamente ni una empresa ha participado en el proyecto. No hablo ya de grandes multinacionales, sino de empresas con capacidad. El miedo a ser clasificado en una variante política es grave. Y en este canal no nos casamos por nadie. Pero al ser criticados tanto de la extrema izquierda como de la extrema derecha creó un efecto pánico en las empresas, y para mí es una lástima: ellas pierden la oportunidad de tener un recorrido en nuestro canal y, por otro lado, eso afecta al crecimiento. Siempre hemos dicho que estamos aquí de paso, pero está claro que no es lo mismo estar de paso en un chamizo que en un dúplex con mil detalles. Somos conscientes que España es así, lo asumimos e intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor posible.
Acabamos. Más allá de erradicar la pandemia, un deseo tópico y coherente dadas las circunstancias, ¿qué le pide al 2021?
Volver a la tranquilidad y a la normalidad. Erradicar nuestra clase política. Reforzar la democracia y esperar que profesionales de la vida comiencen a entender que su presencia en la política es necesaria. Nunca más podemos dejar en manos de descerebrados, infantiles y sin experiencia la gestión del país. Si hemos aprendido eso, genial. El problema, y tenemos la experiencia de Cataluña, es que hemos creado una sociedad de borregos con poca autoestima que sigue votando a esos personajes indignos.




