Buenas noches y buena suerte.

El retrato de Mariano Rajoy era displicente para el jefe de la derecha, pero era exacto. Se trata –afirmaba el diario mencionado- de un “mediocre líder” que “no ha logrado salir de la sombra de José María Aznar (…) y se ha confabulado con la jerarquía católica en una histérica campaña que pone en duda la legitimidad del Gobierno”.

Aunque el editorialista no elogie al PSOE –al que califica de “izquierda poco estimulante”-, la realidad es que la derecha española no puede salir peor parada del análisis de un rotativo tan prestigioso como escasamente afín a los planteamientos políticos de carácter progresista. Para desgracia de Rajoy, el segundo cara a cara no ha hecho más que confirmar que su final como jefe de la oposición es irreversible. Rajoy tiene los días contados. No sobrevivirá políticamente a la derrota del día 9.

Zapatero triunfó hace una semana. Y volvió a vencer –por mayor diferencia aún- en el match dialéctico de ayer. Cuando en los postreros tres minutos del programa, Rajoy se lanzó a ofrecer consensos al por mayor llegó demasiado tarde. Poco rato antes, Zapatero le había una nueva oportunidad preguntándole si estaría dispuesto a otorgar su apoyo al Gobierno en la lucha contra ETA. Y una vez más, Rajoy se escaqueó de forma mezquina.

Horas antes del debate, Sixto González, número 1 de la lista de Albacete por el PP, había acusado públicamente al presidente del Gobierno con estas palabras: “Lo que no vamos a olvidar por nada del mundo es que el dinero de todos nosotros lo haya metido en el bolsillo de los terroristas para pagar matones, para asesinarnos, y eso los españoles (…) ni lo van a olvidar ni se lo van a perdonar”.

Rajoy fue incapaz –en el capítulo dedicado a ETA- de, antes que nada, desautorizar a Sixto González. No abrió la boca al respecto y, además -con sus insinuaciones y sus aseveraciones- vino a dar la razón, más o menos enmascarada, a tan gravísimos insultos. Quien calla otorga. Rajoy dio de nuevo su talla. Dijo, también en el apartado final, y antes de evocar a su niña, que él se comprometía a “gobernar sin generar tensiones”.

¡Pero si este hombre y su equipo de Génova 13 no han hecho otra cosa en cuatro años más que montar todo género de tensiones, broncas, crispaciones, excesos, falsedades y ruptura sistemática de la convivencia entre españoles y entre no pocas comunidades autonómicas! Se lo recordó Zapatero. Inútil ejercicio.

Rajoy ni siquiera tuvo coraje para desmarcarse de la barbarie de Irak. O, al menos, para pedir disculpas a la ciudadanía por haber respaldado las aventuras de su mentor y padrino, Aznar López, a pesar de que la inmensa mayoría de la opinión pública estaba en contra de esa guerra.

Rajoy en repetidas ocasiones recriminó a Zapatero diciéndole que no está en la realidad, que no se entera de lo que pasa. Sin embargo, quien vive en una burbuja, alejado de la realidad es precisamente él. Lo volvieron a recibir en Génova 13 como si fuera un héroe. Como si fuera el ganador. Casi ya presidente. Se encargó del discurso de bienvenida Ángel Acebes, cuya máxima especialidad –como es sabido- consiste en narrar fantasías, engaños y embustes. Esperanza Aguirre parecía feliz. Su asalto al poder dentro del PP puede producirse pronto. Otra cosa es que consiga el objetivo. Pero ésta es, hoy por hoy, otra historia.

Zapatero se despidió como el lunes anterior: “Buenas noches y buena suerte”. No fue una frase casual. Fue un guiño a una película admirable, hermosamente progresista. Fue un homenaje implícito a un periodista americano Edward Murrow que, desde su programa de televisión, en plena caza de brujas, en los años cincuenta, combatió y derrotó a MacCarthy. Aunque le costó muy caro. A buen entendedor….

*Enric Sopena,director de El Plural