El lunes día 29 de febrero de 1987 (año bisiesto), José María Aznar, en aquel tiempo casi un don nadie -aunque hubiera conseguido ser elegido por los pelos presidente del Gobierno autonómico de Castilla y León-, pronunció una conferencia en el Club Siglo XXI de Madrid, en esa época todavía Sancta Sanctorum de la política española y, sobre todo, madrileña.
Llegó a la presidencia Aznar tras haberle montado una campaña falaz de descrédito al presidente socialista de esa Comunidad Demetrio Madrid, un hombre íntegro, como posteriormente proclamó en su sentencia el Tribunal Supremo. Por cierto, la trayectoria política de Aznar no puede entenderse sin que se tenga en cuenta su recurso sistemático a la insidia como eficaz instrumento para erosionar a sus adversarios.
Enardeciendo los ánimos
Más que una conferencia, la intervención estelar de Aznar se convirtió en una arenga. Se trataba de enardecer los ánimos de, como mínimo, una parte en absoluto desdeñable de la militancia de AP, que estaba defraudada y hasta indignada a causa del débil liderazgo de Antonio Hernández Mancha en el partido fundado por Manuel Fraga Iribarne.
Cuarteles de invierno
El viejo patrón se había retirado formalmente –tras el fracaso de AP en las elecciones generales de 1986- a sus cuarteles de invierno. Claro que desde esos cuarteles Fraga procuraba seguir moviendo los hilos del poder interno. La situación del sucesor imprevisto, Hernández Mancha, era cada vez más precaria. Como la de Alianza Popular, convertida en un mercado de conspiraciones, rumores y frustraciones varias.
Manchistas a la desesperada
Hernández Mancha contrató los servicios de la agencia de imagen de Alfredo Fraile (cuarenta millones de pesetas anuales de las de hace veinte años). Puntualiza el periodista Graciano Palomo en su libro El vuelo del halcón (1990): “Pero de poco le van a servir los buenos oficios de Fraile porque el cerco se estrecha. Los manchistas organizan una convención a la desesperada (…) con la intención de obtener el respaldo de las bases del partido (…). Necesitan urgentemente un balón de oxígeno, porque están en la UVI política. Pero las minas están colocadas y en batería; no hay solución posible”.
La puntilla
Aznar, instalado en el palacio de la Asunción –sede de la Junta de Castilla y León-, en Valladolid, se lanza al ruedo para darle la puntilla a Hernández Mancha. Sus palabras en el acto del Club Siglo XXI son inequívocas: “No hemos sabido o no hemos querido hacer una alternativa eficaz”. Pide un Congreso del partido urgente, “antes o después del verano”. Añade: “El ciudadano tiene la sensación de que no hay alternativa real con posibilidades de suceder inmediatamente al PSOE (…) El centro derecha ha caído una y otra vez en las trampas que le ha tendido el socialismo”.
Desamparado e incordiado
Hernández Mancha asistía a la conferencia. Poco después de haberse iniciado, y tras escuchar algunas frases del orador, se levantó y se marchó. No oyó por tanto, durante la cena que siguió a la charla, declaraciones de Aznar a la prensa como la siguiente: “Me he sentido desamparado y ligeramente incordiado desde la dirección de Alianza Popular, pero no tengo aspiración de ser alternativa de nadie”.
La insidia, una vez más
El miércoles 9 de julio de 2008, Aznar acudió a Telemadrid, la televisión de su amiga Esperanza Aguirre –donde fue entrevistado en el programa de Ernesto Sáenz de Buruaga, otro amigo- y tras utilizar una vez más la insidia, en este caso contra Zapatero, acusándole de haber claudicado ante ETA por negociar con los terroristas en términos políticos, pareció de pronto que reviviera su conferencia/torpedo de 1987.
Recordando a Acebes
Cargó de nuevo contra Mariano Rajoy (al que no citó por su nombre) reiterando lo que ya dijo en Valencia: “Cuando renuevas los partidos hay que procurar hacerlo añadiendo, no eliminando. Las renovaciones se hacen por adicción, no por extinción (…) Aquí se jalea mucho a alguien que no sabe nada, que no tiene idea de nada, ni ha demostrado nunca nada, pero es ministro. En cambio, al que ha demostrado, al que tiene una experiencia pero tiene 49 años, se le quiere jubilar. Es una cosa absurda” [Acebes acaba de cumplir 49 años].
Olvidada la UCD
Aznar evocó su discurso de 1987, equiparando por consiguiente a Rajoy con Hernández Mancha: “Aquellas palabras, desgraciadamente, no han perdido actualidad. Entonces yo dije que no íbamos bien. No íbamos bien y de lo que se trataba era de hacer un partido ganador y no uno que resistiera”. Y terminó con este aviso para navegantes: “Querer romper con los dos únicos triunfos que el centro derecha ha tenido en la historia democrática es no tener las ideas muy claras”. Como se ve, Aznar olvida alegremente las dos victorias en las urnas (1977 y 1979) de UCD, que sí era un partido de centro derecha.
A la cabeza de Rajoy
Dijo en 1987 que él no tenía “aspiración de ser alternativa de nadie”. También dijo en el Congreso valenciano, y repite con frecuencia, que él está fuera de la política. Pero es una evidencia que el ex presidente del Gobierno continúa en el machito, refugiado en FAES. Como es una evidencia que en Telemadrid disparó sin escrúpulos a la cabeza de Rajoy. ¿Pretende Aznar ser el sucesor de su sucesor?
*Enric Sopena es director de El Plural



