A poco que se descuide, el cooperante Albert Vilalta -herido de bala en una pierna por los terroristas de Al Qaeda y secuestrado 267 días en el desierto de Mali- no sólo no conseguirá ser reconocido como víctima del terrorismo, según él pretende de acuerdo con la normativa vigente, sino que aún puede acabar siendo acusado de verdugo. Vilalta y sus compañeros fueron linchados por la caverna mediática – además de por algunas voces populares- el pasado mes de agosto, cuando pudieron regresar sanos y salvos a Barcelona.
La alegría por el retorno de los cooperantes catalanes quedó de inmediato empañada al difundirse que el Gobierno habría pagado a los terroristas una importante cantidad de dinero con el fin de que fueran liberados. Surgieron de pronto fariseos por doquier que se dedicaron a rasgarse las vestiduras porque José Luis Rodríguez Zapatero había salvado la vida a unos compatriotas gracias a un rescate económico.
Autos de fe
Y hubo también varios autos de fe -montados por inquisidores profesionales, que los hay- con el propósito de poner a parir a los cooperantes. Que si eran ricos, que si eran irresponsables, que si eran prepotentes, que si lo que les gustaba era exhibir su dimensión solidaria para pavonear ante sus amigos. En fin, que no fueron declarados delincuentes por el canto de un euro.
Indignación
Pero ahora que Vilalta ha pedido ser inscrito oficialmente como víctima del terrorismo –lo que es absolutamente verdad- para lograr así, por las vías legales, una indemnización del Estado, la derechona ha vuelto a estallar de indignación. ¿A dónde vamos a parar? ¿Pero qué se ha creído este pijo? ¿De qué semejante tipajo, que no fue asesinado gracias a nuestro dinero, pretende obtener más parné todavía? Él dice que entregará ese dinero a la ACVOT, Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas, pero váyase a saber, los catalanes son muy suyos y siempre buscan, unos y otros, la pela.
¡Vamos, hombre!
“No es posible equiparar la peripecia de Vilalta con la de alguien que sufre un atentado”, aseveraba ayer un editorial de El Mundo. “Además –añade-, el Gobierno movilizó ingentes recursos para lograr su liberación, por lo que son ellos los que están en deuda con el Estado, y no al revés”. Para el periódico de Pedro J. Ramírez, estar secuestrado por Al Qaeda vendría a ser, pues, como compartir más de doscientos días con amables ángeles custodios, recién llegados del paraíso. ¡Vamos, hombre! Sabemos que Ramírez, como José María Aznar, no reconoce que la autoría del 11-M –casi doscientos muertos- fuera la de Al Qaeda.
Lo entiendes, Pedro
Y ahora dice el director de El Mundo que si te pegan un tiro y te tienen secuestrado 267 días, eso no es sufrir un atentado, porque los cooperantes “eran responsables de sus actos cuando viajaron voluntariamente a una zona que figuraba como peligrosa en los informes oficiales”. Aunque en la actualidad el peligro haya bajado bastante, y ojalá desaparezca para siempre, peligroso era el territorio de Euskadi debido a ETA y no por ello la inmensa mayoría de los vascos, salvo excepciones, dejaron de vivir allí. ¿Lo entiendes, Pedro?
*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador del Girona Noticies.



