Abstencionismo electoral.

El referéndum andaluz ha atraído a menos ciudadanos incluso que el referéndum del estatuto de Cataluña. Marca un nuevo hito en el distanciamiento entre la población y la “clase política”.

La despolitización de la población tiene raíces varias. Pero una de ellas es el creciente convencimiento de muchos ciudadanos de que la participación política establecida carece crecientemente de sentido en un sistema hermético a sus requerimientos. El asunto de la abstención es ambivalente, pues si por un lado es una respuesta lógica y espontánea —completamente distinta del abstencionismo ácrata en algunas elecciones de la época republicana, por ejemplo—, por otro es crecientemente peligrosa ante la ofensiva de la derecha por recuperar el poder y volver a instalarse en el gobierno con su actual discurso neoautoritario.

En el estrecho margen de movimientos políticos en que se mueve la población española, el gobierno del Psoe es, con todas sus vergüenzas, la menos mala de las situaciones realmente posibles hoy.

Y corre el peligro de venirse abajo en la próxima convocatoria a elecciones legislativas. Las insidias del Partido Popular, a través de medios como la radio de la Conferencia Episcopal, han calado fuertemente en sectores de población que van más allá del espectro político propio de aquel partido.

Hay también zonas enteras del país cuya economía se mueve al compás de la especulación inmobiliaria y que proporcionarán muchos votos al Partido Popular; hay gente de primitivo españolismo encorajinada emocionalmente contra el Estatuto catalán, y también gentes desencantadas por el incremento de las diferencias sociales abismales que generan las políticas neoliberales: gentes que en su día votarán, si lo hacen, contra quien gobierne.

Por todas estas razones la continuidad del gobierno del Psoe no se puede dar por descontada. La ceguera de tantos respecto de la situación de los más, traducida políticamente, puede dar sorpresas desagradables. La derecha no se abstiene de votar. Y no hay que engañarse: con el PP de nuevo en el poder el autoritarismo quedaría introducido en España por muchos años.