Del sueño a la pesadilla. Este parece ser el camino que seguirá el referéndum independentista del presidente Puigdemont. Tras el anuncio de la fecha y la pregunta del pasado 9 de junio, todo son malas noticias para el bloque separatista. Inhabilitaciones, Germà Gordó, fricciones internas y ahora, el anuncio de declarar desierto el concurso de compra de urnas. La portavoz del ‘Govern’, Neus Munté, compareció ayer para declarar que este contratiempo no afectará a la celebración del referéndum del próximo 1 de octubre. No obstante, todo indica lo contrario. Encima de la mesa hay tres motivos que terminaran con la celebración de dicho referéndum. Primero, es una acción no acordada con el Estado y que se encuentra fuera de la legalidad. Segundo, la mala organización del ‘govern’. Tercero y no menos importante, la mala relación de Puigdemont con la CUP.
“Solo podemos mostrar nuestra perplejidad”, aseguraba ayer la diputada de la CUP, Mireia Boya. Tras conocer el anunció de Munté, la ‘cupaire’ manifestó su malestar con el trabajo del Gobierno catalán. “Con el procedimiento que quieran, pero las tienen que comprar. Es su trabajo”, añadía Mireia Boya. Actualmente la CUP representa 10 de los 135 escaños del ‘Parlament’. A primera vista parece que el papel de la CUP es residual pero nada más lejos de la realidad. La formación anticapitalista sabe que tiene una gran capacidad de decisión, pero parece que el Gobierno de Puigdemont todavía no se ha dado cuenta. De hecho, si hoy Puigdemont lidera el proceso separatista es gracias a la CUP, el partido que obligó a Artur Mas a salir de la primera línea política. No obstante, la fijación con la celebración del referéndum está acabando con el ‘seny’ de Puigdemont y de los suyos. Cuando despierten del sueño y vuelvan a la realidad, se encontraran solos -sin el apoyo de la CUP- y sin referéndum.



