Irene Montero jamás debió ser Ministra del Gobierno de España. Alguien cuyo mayor mérito fue acostarse con el líder de su partido no está capacitada para dicho cargo. Algunos recitan, cuasi como poesía, su CV de elevadas notas y una beca en Harvard. Cabe recordar que no fue por invitación de la Universidad americana sino por los fondos del Gobierno del PP, de Mariano Rajoy. En sus visitas a Estados Unidos, en avión privado, confirmó su bajo nivel de inglés para afrontar incluso esos retos regalados.
Montero, como gestora deficiente, se rodeó de mediocres. La "Pam", Ángeles Rodríguez, es el ejemplo más claro. Cuando alguien teme al liderazgo, tiende a rodearse de personas de menor capacidad a quienes protege con su ignorancia y confía en que le serán fieles hasta el final. En esa lucha, hizo "pellas" con la otra ministra de Podemos, Ione Belarra, quien, como ocurre en las peores películas de tramas previsibles, la traicionó en el último momento. No hay intriga en esta historia casi terrorífica.
La muerte de Podemos, ese partido creado desde los inicios por personas comprometidas con el Estado para fortalecer una democracia debilitada por la crisis de 2010, no es exclusiva de Montero ni siquiera de Belarra. Podemos nació ya sin vida y algunos se han encargado de velar su cuerpo durante todos estos años. La propia Montero hizo lo que muchos españoles hubieran hecho en su lugar. Se le ofreció un cargo y creyó que su relación sentimental no era su mérito principal. Pensó, como una adolescente, que la querían por su nivel intelectual y su capacidad de gestión. Sin embargo, nunca fue la más preparada y nunca debió haber sido ministra.
Pablo y Pedro, Pedro y Pablo, jugaron con ella mientras ella, en su inexperiencia juvenil, creía estar al mando. No fue coherente convertir a tu compañera sentimental en ministra, ni tampoco aprobar esa operación como si una parte del Gobierno pudiera insultar a una parte de los ciudadanos del país. Luego, sucedió lo inevitable. Leyes vergonzosas que permiten la reducción o liberación de miles de violadores, sin asumir ninguna responsabilidad ni realizar autocrítica. ¿Qué adolescente sería capaz de hacerlo?
Pero que nadie dude de que Irene es solo un eslabón. En esta carrera hacia la mediocridad, el siguiente paso es Yolanda Díaz. Ella es la creadora de un partido que no es más que una amalgama de personas sin un rumbo claro, aferradas a la supuesta influencia política de Ferrol. Aunque uno pueda imaginar que la concubina del gran líder ha caído, ¿qué futuro le espera a quien se encargó de ejecutarla rodeada de zombis? No se preocupen, también lo veremos.



