Joan Ridao, secretario general del ERC, ha declarado que “un fallo adverso [del Tribunal Constitucional] hará crecer el soberanismo y acortará el camino hacia la independencia”. Las luces rojas de alarma han vuelto a encenderse en Cataluña y, por supuesto, en el resto de España. O, mejor dicho, en todo el ámbito español y catalán, partidario de la España plural o del federalismo integrador.
La mayoría de los magistrados del Constitucional, según las más recientes informaciones, parece que se han declinado hacia una sentencia que cargaría contra la definición de Cataluña como “nación” y, asimismo, contra la obligatoriedad de saber el idioma catalán.
El futuro
¿A quiénes beneficiaría, de confirmarse, ese veredicto? A los partidos nacionalistas catalanes (tanto ERC como CiU) y, de espectacular rebote, al PP. El futuro de Cataluña y de España depende, pues, y en buena parte, de los magistrados del Constitucional. Si resultara cierto el rumor, regresaríamos de algún modo al 6 de octubre de 1934.
Gravísimo aviso
El fulminante que generó la insurrección catalana –no de ruptura con la España republicana, sino de gravísimo aviso al Gobierno conservador de aquella época- hay que buscarlo en la sentencia del Tribunal de Garantías Constitucionales, favorable no a los postulados sociales en tal caso de la Generalitat, presidida por Lluís Companys, sino avaladora de recortes sociales a los payeses catalanes.
Enorme dislate
Equiparar lo que ocurrió en los primeros días del mes de octubre de 1934 con lo que probablemente acabe sucediendo a partir del veredicto del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatuto podría ser tildado, y con razón, de enorme dislate. Pero, por desgracia, hay excesivos paralelismos, que únicamente complacen a los radicales de una y otra banda.
Partidos marginales
En el referéndum del Estatuto votaron “no” ERC y el PP. Ahora, si el criterio mayoritario de los magistrados del Constitucional se termina por imponer, el rechazo al veredicto será impulsado por ERC y por CiU. Los populares, mientras, compartirán alborozo con los independentistas o, dicho de forma más suave, con los separatistas o soberanistas. No resulta aventurado pronosticar, por consiguiente, que los socialistas y los integrantes de ICV pueden convertirse en partidos de hecho marginales.
Patriotismo contradictorio
No se sabe aún si la resolución del Constitucional sobre el Estatuto va a ser o no irreversible, de acuerdo con las especulaciones de carácter periodístico. Lo que no cabe ninguna duda es que si esto es así todos aquellos que, desde posiciones patrióticas contradictorias, asumieron la transición como un ejercicio enojoso y obligatorio estarán por fin eufóricos.
El gran error
El gran error, de las dos partes, el año 1934 tuvo consecuencias nefastas para el proyecto republicano y autonomista/federalista en Cataluña y en el conjunto de España. Fue quizás, parcialmente, el prólogo de una serie de hechos que convirtieron este país en un escenario de guerra y de muerte, con nazis y fascistas ejerciendo de sumos pontífices y con los militares del general Franco haciendo de héroes del totalitarismo.
Una aberración
¿Estamos a las puertas de una aberración, impulsada por los nacionalistas españoles y por los nacionalistas catalanes, y bendecida por unos magistrados cuya legitimidad es escasa a la vista de cómo se viene desarrollando tan increíble sainete judicial? Confiemos, no obstante, en el sentido común del presidente José Montilla –demostrado con rigor, eficacia y seriedad- y, sobre todo, de cuantos ciudadanos de Cataluña, que son muchos, siguen creyendo que ser español y catalán, o al revés, no sólo no está reñido con la realidad, sino que es el mejor camino para la convivencia democrática entre unos, otros y los inmigrantes que llegan del más allá.
*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador de GIRONA NOTICIES



