“Esperanza es cojonuda” dijo el jefe del empresariado.

Con el propósito de explicarnos de algún modo lo que está sucediendo en relación al fracaso del diálogo social, recordemos que, a finales del mes de mayo, Gerardo Díaz Ferrán, el presidente del empresariado español, reveló públicamente que “Esperanza Aguirre es cojonuda”. Lo dijo sin querer y porque le traicionó el micrófono, pero su confesión no sorprendió a nadie. Como tampoco asombró el desprecio inmenso con el que se refirió a José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno.

Díaz Ferrán es aguirrista. Le encanta que doña Espe, presidenta de la Comunidad de Madrid, se proclame, a bombo y platillo, liberal. Es, en efecto, una liberal, admiradora de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan, dos depredadores de la cohesión social. En las recientes elecciones presidenciales de EEUU, no se escondió bajo el manto de la ambigüedad, sino que se pronunció en defensa de los republicanos. El jefe de los patrones también se define como liberal.

Segunda vuelta
Sus relaciones políticas son intensas y conocidas. Díaz Ferrán, así como su cuñado Arturo Fernández, presidente las pequeñas y medianas empresas madrileñas, financiaron en parte las campañas de Aguirre el año 2003, cuando los votos la dieron por derrotada, eso sí, por la mínima, y el tamayazo la salvó de la quema. Luego asistimos a una insólita segunda vuelta que la llevó –entonces también por la mínima- a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

La favorita
Y, todo hay que decirlo, más tarde, el año 2007, Aguirre arrasó en las urnas. A menos de dos años de las próximas elecciones, la lideresa continúa siendo la favorita –de acuerdo con los sondeos-, aunque la tempestad de corrupción que azota al PP puede acabar, según cómo, jugando en contra suya. Del caso Gürtel –que le alcanza o salpica si se sigue la pista de muchos de los imputados madrileños- ha procurado preservarse. Lo ha conseguido hasta ahora en el affaire de los espías y en lo relativo a la misteriosa Fundación popular denominada Fundescam, donde Díaz Ferrán y su cuñadísimo Fernández, junto a otros prohombres de la derecha, depositaron generosas dádivas.

¿Fe liberal?
No lo hicieron sólo en aras de su fe liberal o por altruismo. Lo cierto es que el actual presidente de la CEOE fue recompensado con suculentos contratos procedentes de la Administración autonómica. Claro, que actuando así, en clave de favores y contrapartidas, cualquiera no se apunta al liberalismo ¿Se trata simplemente esta historia de una casualidad? Cuesta asumir semejante coartada. Pero llama de forma poderosa la atención que la sombra del silencio haya envuelto -hasta el momento presente- el asunto Fundescam.

Estado de excepción económico
Díaz Ferrán es un liberal de esos que critican mucho al Estado pero que procuran agarrarse -siempre que les sea posible- a las faldas de las Administraciones públicas. Al estallar la crisis económica internacional –y estando algunos de sus negocios en situación bastante delicada-, el presidente de los empresarios llegó a patrocinar una especie de estado de excepción en orden a la economía. Sugirió que, durante el tiempo de las vacas flacas, el intervencionismo gubernamental debería suplir al libre mercado. Y, una vez curados al socaire del Estado, de nuevo a las andadas del capitalismo sin freno. Más que un liberal este hombre, desde luego, es un pillo.

Palos a las ruedas
No ha desaparecido todavía la enfermedad de la crisis y ahí está el líder empresarial poniendo todo tipo de palos a las ruedas del diálogo social hasta que, de hecho, lo ha dinamitado. Se opone en el fondo la CEOE a que cuando termine la pesadilla los vencedores puedan ser los sindicatos y el Gobierno socialista. Y que los empresarios aparezcan como sus subalternos. En voz alta aseguran los portavoces de la CEOE que ellos no exigen el despido libre o el abaratamiento del despido. Es difícil creerlos.

En otoño, pulso a Zapatero
En la CEOE aguardan a que llegue el otoño, empeoren las cifras de parados y, en ese contexto, le hagan un pulso a Zapatero. Saben naturalmente que tal estrategia entusiasmaría al PP. En Moncloa opinan que en otoño habrá probablemente tangana abierta. Nada le gustaría más a Díez Ferrán que políticamente quien se beneficiara de esa coyuntura fuera Aguirre. Y si no es ella, que sea Rajoy. El adiós al diálogo social este país lo puede pagar muy caro. Cuando no se han movilizado los sindicatos por puro sentido de la responsabilidad, parece que lo van a hacer los empresarios. Cuidado.

*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador del GIRONA NOTICIES