A 40 días de las elecciones europeas.

En simpatía, vencen claramente los socialistas. La derecha es la opción que más rechazo genera en el electorado. De modo que un 31 por ciento no traga al PP, mientras que únicamente un 18´1 por ciento hace lo propio en relación con el PSOE. Ambos dirigentes, Zapatero y Rajoy, son desaprobados mayoritariamente por su gestión, pero un 42´9 por ciento apoya al actual jefe del Gobierno y, por el contrario, sólo un escuálido 29´7 avala al líder del principal partido de la oposición.

Alarma in crescendo
¿Por qué respecto al PSOE la simpatía no se corresponde con la intención de voto? Porque entre los partidarios de la izquierda gobernante hay una cierta fatiga, un desconcierto tangible, bastante desánimo y, naturalmente, un notorio desencanto. Todo ello es consecuencia de factores varios, pero estas sensaciones negativas deben vincularse, sobre todo, a la situación de alarma in crescendo a causa de la crisis económica que padecemos. El agobio o el pesimismo reinante no les llevará, en todo caso, a votar a Rajoy, pero sí probablemente a la abstención o al voto en blanco.

Moral de victoria
Quedan 40 días exactos para unas elecciones que siempre han sido anodinas y de participación más bien escasa. En la presente oportunidad, sin embargo, el PP llegará al 7 de junio –salvo imponderables- con moral de victoria y alentando una participación de los suyos cuanto más alta, mejor. El mensaje, que no dejan de divulgar los voceros genoveses, resulta notablemente atractivo para sus simpatizantes, porque la derecha trata de convertir las europeas en una moción de censura -impulsada por la ciudadanía- contra Zapatero.

La factura de la crisis
La factura de la crisis –exigen los conservadores- la ha de pagar el Gobierno. Se trata de una consigna demagógica y falsaria, pero da lo mismo porque enardece a las huestes que se mueven entre la derecha extrema y la derecha rancia. El “¡váyase, Sr. González!”, que pronunció José María Aznar en el Congreso de los Diputados poco tiempo antes de las elecciones generales de noviembre de 1996, el PP actual procurará repetirlo ahora gracias al veredicto de las urnas.

¿Cuál es la respuesta?
El partido del catastrofismo como eje de sus estrategias, el de la nostalgia del franquismo y el de la manga ancha ante la corrupción masiva se prepara para convertir el 7 de junio en el inicio –después de Galicia- de la reconquista de su España. Esto es lo que está en juego y lo demás son monsergas o discusiones bizantinas. ¿Por qué no se preguntan, esos votantes progresistas, dispuestos a pasar de las próximas urnas, cómo estaríamos frente al vendaval de la crisis con Rajoy en la Moncloa? Y tras la pregunta, ¿cuál es la respuesta?

*Enric Sopena es director de El Plural y colaborador Girona Noticies