Cuando redacto este Análisis, Arnaldo Otegi no ha abierto aún la boca para condenar -sin paliativo alguno- el asesinato de Luis Conde de la Cruz, brigada del Ejército español, así como los atentados de ETA tanto en Vitoria como en Santoña. ¿Ahora, después de la nueva exhibición de barbarie etarra, a qué espera usted, Sr, Otegi, para pronunciarse? Salió hace poco menos de un mes de la cárcel, tras cumplir una sentencia en firme por enaltecimiento de ETA, y se apresuró entonces a invocar el diálogo como instrumento destinado a terminar de una vez con la barbarie terrorista.
Sus intenciones pudieron parecer buenas, y yo mismo escribí en El Plural que “es mejor que Otegi abogue por el diálogo y no por la violencia”. Me equivoqué y pido públicamente perdón por ello. Su comportamiento –a lo largo de más de una década-, Sr, Otegi, resulta, como mínimo, miserable y rotundamente vomitivo. Hace demasiado tiempo que el crédito que usted llegó a tener –tanto en el proceso de paz gestionado por José María Aznar como en el más reciente de José Luis Rodríguez Zapatero- se ha agotado. Nunca se ha desmarcado de los procedimientos criminales que utilizan los matones de ETA. Nunca, jamás. Tampoco en estas horas de retorno dramático a la sangre y el dolor.
Revilla ha acertado
Estamos, millones de ciudadanos, hartos de gentes como usted, Sr. Otegi, que han hecho de la ambigüedad -frente a los asesinos- una sarcástica virtud y hasta un modus vivendi. Como estamos asimismo hartos, e in crescendo, del presidente del Gobierno autonómico vasco, Juan José Ibarretxe, que ni siquiera suspende o congela sus aspiraciones de continuar por la senda del soberanismo -o del independentismo-, a la vista de que, sin duda alguna, lleva de compañeros de viaje -en su particular aventura- a una banda de peligrosos pistoleros. El presidente del Gobierno cántabro, Miguel Ángel Revilla, ha acertado diciendo cuanto ha dicho, más allá de matices y consideraciones de menor cuantía. ¿Por qué Ibarretxe subraya que “la violencia de ETA cada vez le da más asco” y no se planta afirmando que todas sus energías se van a concentrar en detener la hemorragia de tanta sangre inocente, derramada por monstruos de la maldad?
Una pesadilla tenebrosa
La prioridad del País Vasco no es conquistar la independencia. La prioridad más urgente, más perentoria y más importante, es acabar con una pesadilla tenebrosa que ha cumplido ya casi cincuenta años. O sea, que llevamos medio siglo de salvajadas injustificables. ¿Es tan difícil reconocer que Euskadi –aun sin haber conseguido la independencia- es uno de los referentes de máxima autonomía respecto a otros territorios similares de la Europa actual?
Todo lo demás es fascismo
¿Habrá que recordar de nuevo que la emancipación de Euskadi en relación a España -una España democrática y descentralizada administrativa y políticamente, como nunca lo ha estado más allá de los intentos cercenados por las armas en la II República- o se alcanza por la vía pacífica y democrática o todo lo demás es fascismo más o menos maquillado de nacionalismo vasco?
Tocando violines
¿Cómo liquidó ETA el anterior proceso de paz, auspiciado por el presidente del Gobierno, Zapatero, con el respaldo de todos los partidos, salvo el PP? Lo hizo de modo unilateral, haciendo explosionar uno de los parkings de la T-4 y matando así a dos inmigrantes residentes en Madrid. Usted, Sr. Otegi, continuó por esas fechas tocando violines y eludiendo, por supuesto, la ruptura con el cordón umbilical que le conduce inexorablemente a ETA.
Los mal nacidos
La muerte del brigada Conde de la Cruz o su ejecución -según el argot de los terroristas o, si se prefiere, de los mal nacidos- no tiene ninguna disculpa, ningún atenuante. La inmensa mayoría de los ciudadanos vascos no se merecen que unos cuantos gangsters maten a mansalva en nombre de la libertad de Euskadi. Eso no es libertad. Eso es el retorno al totalitarismo o a lo peor del carlismo. A ver si lo entiende, Sr. Otegi. A ver si entiende usted también, Sr, Ibarretxe.
*Enric Sopena es director de El Plural



